KARIM ASRY - Bilbao - 12/07/2009
Entre 1936 y 1937, 14 sacerdotes nacionalistas vascos fueron ejecutados por las tropas franquistas tras su avance en Euskadi. Nunca recibieron un funeral digno, ni se registró el fallecimiento de la mayoría de ellos en los libros parroquiales ni aludieron a su trágico final el Vaticano ni la Conferencia Episcopal, a diferencia del trato dispensado a los 498 religiosos "mártires" en la España republicana.
"Hoy saldamos una deuda contraída", dijeron los prelados en su homilía
Al homenaje acudió el Gobierno vasco, el líder del PNV y Ardanza
Casi 73 años después de su fusilamiento a manos de los vencedores de la Guerra Civil, la Iglesia vasca celebró ayer en la catedral nueva de Vitoria una catártica eucaristía en la que pidió perdón por el "injustificable silencio de los medios oficiales de nuestra Iglesia" ante su muerte.
Al acto asistieron Iñigo Urkullu, líder del PNV, partido con el que simpatizaban los ejecutados, así como la consejera de Justicia y portavoz del Gobierno socialista vasco, Idoia Mendia, y la titular de Cultura, Blanca Urgell. También acudieron el ex lehendakari José Antonio Ardanza (PNV), el miembro de la Mesa del Parlamento Mikel Martínez (PNV) y diversos cargos municipales y forales.
"Hoy saldamos una deuda contraída", señaló el obispo de Vitoria, Miguel Asurmendi, encargado de leer la homilía, suscrita también por los prelados de Bilbao, Ricardo Blázquez, y de San Sebastián, Juan María Uriarte. "Tan largo silencio no ha sido sólo una omisión indebida, sino también una falta a la verdad, contra la justicia y la caridad", recalcó en la misa concelebrada por seis obispos y a la que se sumaron más de 200 sacerdotes en una catedral abarrotada.
La Iglesia vasca ha sentido necesidad de homenajear a los ejecutados (12 sacerdotes, un misionero claretiano y un carmelita descalzo) tras la beatificación en Roma de 498 "mártires", muertos a manos de republicanos, coincidiendo con la aprobación de la Ley de Memoria Histórica en España a finales de octubre de 2007.
Asurmendi indicó que el gesto no busca "reabrir heridas", sino más bien ayudar a curarlas para contribuir a la dignificación de quienes han sido olvidados o excluidos, y mitigar el dolor de sus familias y allegados. "La purificación de la memoria pide a todos un acto de valentía y humildad para reconocer las faltas cometidas por quienes han llevado y llevan el nombre de cristianos", recalcó citando a Juan Pablo II.
"El recuerdo de estos sacerdotes no ha caído nunca en el olvido ni por parte de sus familiares ni de los feligreses de sus parroquias ni de los presbiterios diocesanos y órdenes religiosas a los que pertenecían", añadió en la homilía, contraponiendo de forma levemente autocrítica esta memoria con la actitud de la jerarquía.
Tras la comunión, el sobrino de uno de los presbíteros ejecutados entonó unos versos en euskera en recuerdo de todos ellos. Además del acto de ayer, el boletín oficial de cada diócesis publicará una reseña con la biografía de los 12 sacerdotes que fueron ignorados y sus nombres serán incluidos en los registros y libros parroquiales de sacerdotes fallecidos, junto a los de los dos que sí fueron inscritos en su día, los primeros fusilados antes de la salida forzosa del obispo de Vitoria Mateo Múgica por criticar los excesos de los sublevados.
Los homenajeados son: Martín Lecuona Echabeguren, Gervasio Albizu Vidaur, José Adarraga Larburu, José Ariztimuño Olaso Aitzol, José Sagarna Uriarte, Alejandro Mendicute Liceaga, José Otano Míguelez (claretiano), José Joaquín Arín Oyarzabal, Leonardo Guridi Arrázola, José Marquiegui Olazábal, José Ignacio Peñagaricano Solozabal, Celestino Onaindía Zuloaga, Jorge Iturricastillo Aranzábal y Román de San José Urtiaga Elezburu (carmelita).
En la entrada de la catedral, representantes de Ahaztuak, colectivo a favor de la recuperación de la memoria histórica, se concentraron para mostrar su respaldo a la decisión de la Iglesia vasca de romper su silencio. No entraron al templo porque mantiene en su interior signos franquistas, entre ellos una gran águila imperial esculpida.
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ELPAÍS.com
- 13-07-2009 - 08:59:07h
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camargorueda
- 12-07-2009 - 21:42:50h
la iglesia se la pasa pidiendo perdon. ahora hace lo mismo en honduras para despues salir a pedir perdon
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MARCOS FERNANDEZ
- 12-07-2009 - 21:35:23h
Muchos de los que han acudido al acto debieran pedir perdón por traiciones similares. No es común por estas tierras del norte que se hable del escurridizo "Pacto de Santoña". No se conoce como se debiera. La traición del nacionalismo vasco (PNV) contra la república supuso el mismo número o más de muertos que los que hoy se recuerdan. Los cadáveres que se recogieron en retaguardia después de la traición del Gobierno Vasco se contaron por cientos. El acuerdo al que llegaron los enviados del gobierno vasco con El Vaticano hizo que las órdenes permitieran a los fascistas penetrar y en los siguientes meses tomar Oviedo y rebentar el frente norte. Ya habían traicionado en la decisiva batalla de Irun a todos los que se quedaron allí a defender la frontera y la llegada de material militar. Los archivos custodiados no nos dejan conocer toda la vergüenza de un gobierno, una iglesia y unos políticos que sacrificaron la estrategia militar republicana. Sin embargo, continuan los homenajes.
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kar
- 12-07-2009 - 21:32:02h
La iglesia no ha pedido perdón, al contrario, ha mirado hacia otro lado, ni palabra de los curas nacionalistas vascos fusilados por Franco, no les ha tratado como a los otros 498. Ha sido solamente la iglesia vasca los que han hecho este acto, ni el Vaticano ni la Conferencia Episcopal han dicho nada de estos curas nacionalistas vascos y de otros muchos que padecieron carcel y torturas.
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Kristian
- 12-07-2009 - 21:32:01h
Los republicanos no fueron verdugos, de hecho fueron los únicos vencedores al haber ganado las últimas elecciones democráticas antes de la dicturadura. Los golpistas, en cambio, eran como los etarras.
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