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Reinero Banda, un terrorista con cierto olor a cera

20/03/1983

 
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A Manueol Reinero Banda nunca le sonrió la suerte, ni siquiera cuando se trasladó de Rosal de la Frontera (Huelva) a Barcelona y empezó a dedicarse a los negocios de representación. Fueron años muy difíciles, que él y su esposa soportaron con estoicismo y que les condujeron a Polinyà, cerca de Sabadell, donde adquirieron una vivienda de protección oficial y donde montaron su negocio familiar de ceras, ubicado en el paseo de la Iglesia, número 1.Por aquellos años, cuando Manuel Reinero Banda alternaba sus acciones terroristas con los negocios de compraventa, el taller de cera giraba con el nombre comercial de Manufacturas Júpiter. Tres años más tarde Ibercera continúa siendo una modesta industria, en la que se fabrican sobre todo velas, que un grupo de representantes -"cada vez menos", según la esposa- se dedican a vender por las provincias catalanas y las islas Baleares.

Este es el mundo personal e íntimo del ultra arrepentido. Después, si se habla con su esposa y con sus hijos, en el comedor de su casa de Polinyà, se descubren las dificultades económicas -"No será usted de la financiera", preguntó una de las hijas al franquear la puerta- y un negocio acosado por la falta de créditos y por la imposibilidad de conseguir un local adecuado.

La esposa de Manuel Reinero Banda explica las cosas con monosílabos, se encoge de hombros al preguntarle sobre política y justifica en todo a su esposo con un "él lo hacía por la política, todo, incluido los atracos". Por un momento, abandona su actitud defensiva y explica, compungida, que al principio, después de que lo detuviera el teniente Andrés Bachiller Alcolea, recibía llamadas anónimas y en la calle le tiraban piedras.

La esposa del ultra arrepentido continúa justificando a su marido y se pregunta: "¿Después de tres años de prisión, pagando lo que otros han hecho, después de que se nos cerraran todas las puertas, y de que nadie nos ayudara, qué quería, que hiciera? Lo que ha hecho. Confesarlo todo". Las hijas de Manuel Reinero Banda, desde detrás del respaldo de las butacas de skay granate, asienten con el silencio la palabras de la madre.

Después de la confesión, nada ha cambiado en la casa de Rainero Banda. Alguien, sin embargo, ha tenido la precaución de sacar la plaquita metálica con sus nombres del buzón de correos.


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