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REPORTAJE: Juicio por el mayor atentado en España EN SEGUNDO PLANO

De acusado a espectador

Moussaten sigue yendo al juicio pese a que el fiscal lo ha exculpado

ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - Madrid - 12/06/2007

 
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Brahim Moussaten, marroquí de 21 años, estuvo acusado hasta el lunes de la semana pasada de ayudar a los terroristas. Nació en Taza (Marruecos) pero el 11 de marzo de 2004, junto a su familia, residía en un piso de Leganés. A él, y a su hermano Mohamed, un año menor, el fiscal les considera colaboradores con el grupo yihadista y les acusaba de haber ayudado a escapar a algunos de los componentes que colocaron las bombas y que no se suicidaron en Leganés. Su tío, Youssef Belhadj, está considerado como uno de los cerebros de la matanza.

El presidente del tribunal felicitó a Brahim tras decirle que quedaba libre

Así que Brahim y Mohamed Moussaten, ambos en libertad condicional, asistieron juntos a las 45 sesiones del juicio que se celebraron hasta el lunes de la semana pasada. Siempre uno al lado del otro, en los bancos del centro de la sala, a un metro de la pecera habitada por los acusados que se encuentran en prisión. A un paso de su tío Youssef.

Durante la media hora del receso, tanto él como su hermano aprovechaban para estirar las piernas y tomar un café de la máquina o una bolsa de patatas fritas al lado de una ventana que da a la calle, donde también se les permite fumar.

Con el tiempo (45 sesiones son muchas) empezaron a compartir ese tiempo con los otros acusados en libertad condicional, a los que no conocían de nada: los encuadrados en la denominada trama asturiana, acusados de haber transportado parte de la dinamita que explotó el 11-M, o de haber colaborado en su obtención... Viven en Avilés y muchos tienen más o menos la misma edad que los Moussaten. El lunes, Brahim Moussaten recibió una gran noticia: la fiscalía lo considera absuelto. También las diversas acusaciones particulares. El presidente del tribunal, Javier Gómez Bermúdez, felicitó y despidió a su abogado, que ya no tenía que volver más. En teoría, Brahim tampoco tenía que volver. Para él no habría más sesiones de diez a dos y de cuatro a ocho atendiendo en silencio las incidencias de un juicio que dictaminaría su futuro. A su hermano no le ocurrió lo mismo: el fiscal sigue reclamando para él seis años de prisión.

Y sin embargo, ayer, Brahim asistió al juicio del que se había librado. Pidió una de las acreditaciones reservadas a los familiares de los encausados y se sentó a escuchar al fiscal que ya no le acusa. Volvió para acompañar a su hermano.

Eso sí: Brahim, que se diferencia de su hermano en el pelo largo pero que utiliza como él ropa deportiva y amplia, ya no utilizó los asientos reservados a los acusados en libertad condicional, custodiados por policías nacionales, sino las sillas de atrás, reservadas al público en general.

De hecho, se sentó al lado del padre de Iván Granados Peña, otro de los acusados que no está en prisión. Y cuando llegó el receso de la mañana, a las once y media, Brahim, con su acreditación nueva, se sumó al grupo de acusados en libertad condicional y compartió, como lo ha hecho casi 45 veces, los treinta minutos de descanso, los cafés, los cigarros en la ventana y las patatas fritas.


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