ELPAIS.es 14/10/2004
El Estado de Misuri, en el centro de Estados Unidos, reproduce casi todos los rasgos de la sociedad estadounidense y su voto suele representar la opción nacional. De hecho, desde 1900 hasta el año 2000 el presidente elegido a escala nacional ha coincidido en todas las elecciones, excepto en las de 1956, con el preferido por los ciudadanos de Misuri.
Son sólo tres Estados, su población suma nueve millones de habitantes y su fuerza electoral es pequeña: aportan 20 votos a un colegio electoral en el que hacen falta al menos 270 para ser presidente. Pero Nuevo México, Nevada y Arizona se han convertido en lugares claves, en los sitios más bombardeados por la publicidad y visitados por los candidatos -junto a Ohio, Pensilvania y Florida-, y en los que más esfuerzo están haciendo los ejércitos de voluntarios dedicados a registrar a nuevos votantes. No hay prácticamente campaña en Nueva York o en Tejas; demócratas y republicanos no gastan tiempo ni dinero en sus feudos. Las batallas se libran sólo en la cuarta parte del país, en lugares como el corredor del cactus.
El primer debate presidencial no se ha celebrado en Miami por sus atributos paradisíacos, sino porque Bush y Kerry se juegan aquí mucho más que en otros Estados en los que están empatados. Lo único seguro en Florida es que no habrá las infames papeletas mariposa de 2000, casi todos los demás elementos están igual que si el tiempo no hubiera pasado: un electorado polarizado, normas confusas de recuento, alegatos de fraude, demandas ya entabladas y abogados al acecho. Más la incertidumbre añadida por cuatro huracanes consecutivos.
La opinión pública no observa al gobernador del Estado como una figura partidista, al igual que sucedió con el republicano Rudolph Giuliani en el bastión demócrata de Nueva York. En asuntos sociales, Schwarzenegger se ha inclinado la mayoría de las veces por posiciones más próximas a los legisladores del Partido Demócrata.
Desde que se instaló en la Casa Blanca, George W. Bush ha visitado Pensilvania en 38 ocasiones, y Kerry, desde que fue nominado candidato demócrata, lo ha hecho 15 veces. Este Estado vive una profunda crisis marcada por la destrucción de empleo, algo que decide mucho más el voto que la política exterior.
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