EL PAÍS 28/05/2004
Repaso por los terroristas y cómplices de la matanza en Madrid.
Durante años, algunos radicales islamistas se dejaron ver por los bares marroquíes de Lavapiés. Tras el atentado del 11-S, algunos desaparecieron. Otros se suicidaron en Leganés. Y algunos más, amigos suyos, ahora son inculpados por la policía. Unos permanecen en la cárcel y otros han sido liberados.
La pista de la pólvora robada sirvió para dar con los suicidas islamistas. La policía está convencida de que un antiguo minero les ayudó a robar la mercancía de dos minas asturianas. Pero la empresa propietaria niega haber sufrido robo alguno.
El Chino, uno de los siete terroristas del 11-M, alquiló una casa de campo en Chinchón, a media hora de Madrid, para preparar el atentado. La vivienda y el trato que mantenían los suicidas con sus vecinos resultan clave para reconstruir los últimos días de los islamistas radicales.
Los atentados del 11-M han dejado hasta el momento un reguero de 14 presos repartidos por tres cárceles de Madrid. Ninguno de los procesados pendientes de juicio quiere saber nada del exterior que no llegue por boca de sus familias o abogados.
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