LUIS GÓMEZ / PABLO ORDAZ 03/06/2003
Primer día. El capitán del Prestige, Apostolos Mangouras, un viejo lobo de mar con más de 44 de navegación,lanza un SOS. Su petrolero se encuentra en apuros cerca del cabo Finisterre.
Segundo día. El Prestige, roto y aún repleto de fuel, se encuentra a la deriva a siete millas de las playas de Muxía. El capitán no colabora, y las autoridades piden que una unidad de élite de la Guardia Civil asalte el barco.
Tercer día. La Guardia Civil detiene al capitán Mangouras mientras su barco sigue expulsando fuel en el último viaje. La obsesión en los despachos es alejar el petrolero "hasta el quinto pino", lo más lejos posible de las costas gallegas.
El presidente del Gobierno toma cartas en el asunto cuando las primeras oleadas de fuel inundan el sábado 16 de noviembre las playas gallegas y encarga a Rajoy que coordine el plan de actuación. Algunos gobernantes del Partido Popular se relajan y se marchan de cacería con la tranquilidad de haber alejado el petrolero de las costas gallegas. Mientras que los políticos madrugan para pegar tiros, los gallegos se despiertan alarmados: el chapapote inunda y contamina ya sus costas.
Los abogados del capitán Mangouras piden que se remitan al juzgado de Corcubión las cintas, íntegras y sin limpiar, de las conversaciones entre la torre de control, los remolcadores y el petrolero. El Prestige se hunde partido en dos. La imagen da la vuelta al mundo.
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Casi una segunda piel
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