ANTONIO JIMÉNEZ BARCA - Madrid - 15/03/2007
Rafá Zouhier no deja de leer. El hombre alto y guaperas de la cabeza rapada, ex traficante de hachís, ex ratero, ex matón de discoteca, ex stripper, ex tantas cosas y ahora encarcelado por el 11-M acusado de servir de enlace entre los mineros asturianos que vendieron dinamita y los islamistas que la colocaron en los trenes, no deja de leer en la pecera acristalada. Y de apuntar. Unas veces con un lápiz minúsculo y remordido y otras con un bolígrafo.
Ayer, el comisario jefe de los policías expertos en explosivos, los Tedax, comentaba que se estaba tomando un café con otros mandos la mañana del 11-M cuando le avisaron de que habían encontrado una furgoneta sospechosa en Alcalá de Henares.
Zouhier leía. Y apuntaba.
"Se ha leído el sumario casi entero", comenta su abogado, Antonio Alberca Pérez. Zouhier, como todos los procesados, ha tenido acceso a los 100.000 folios de la instrucción convenientemente digitalizados. Así, desde la cárcel, en su ordenador portátil, se los ha podido estudiar. "Todo lo relativo a él se lo sabe de memoria", añade Alberca, abogado de oficio que le defiende desde el principio del caso, hace tres años. "Y en la pecera aprovecha para repasar, para anotar preguntas a los testigos que comparecerán y que luego me pasa", añade.
No es el único que se empolla su propia defensa ahí dentro. También lo hizo, el martes, el sirio Mouhannad Almallah, acusado de pertenecer a la célula terrorista, después de que su segunda mujer testificara contra él. Normalmente, accede a la pecera con una carpeta azul de las de gomitas y se sumerge en ella. "Y los fines de semana, o los jueves y viernes, que no hay juicio, se lo trabaja en la cárcel: el lunes me entrega decenas de hojas escritas a mano llenas de datos, de cosas que se había olvidado decirme, de preguntas a testigos", comenta su abogado, también de oficio, Jesús María Andújar. "El lunes necesité pedir tiempo extra al presidente del tribunal para poder leer todo antes de comenzar a interrogar a un testigo", añade.
Pero no sólo estudian, claro. Zouhier también suele bromear con un viejo amigo de juergas discotequeras, Rachid Aglif, El Conejo, acusado de pertenecer a la célula yihadista. O gesticular hasta que el juez le reprende.
Y a veces, el ex stripper se olvida por completo de dónde está o de por qué está ahí: una mañana intentó ligar a través del cristal blindado. Y pidió el teléfono a alguna de las chicas que acudieron como público a ver el juicio.
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