EL PAIS 21/03/2004
No suenan aires de celebración en la sede central del socialismo español. La señal de la victoria hay que buscarla en los discretos destellos de algunas miradas y en los esbozos de sonrisas apagadas por la tristeza. Los hombres del presidente, el reducido grupo de leales que se han fajado en primera línea: Jesús Caldera, Alfredo Pérez Rubalcaba, José Blanco, José Andrés Torres Mora, Julián Lacalle, Angélica Rubio, Gertrudis Alcázar, aparecen estos días derrengados en sus despachos de la calle de Ferraz, agotados física y anímicamente por el esfuerzo de la campaña y el impacto de la matanza terrorista.
Los desafíos a los que se enfrenta el nuevo Ejecutivo ya no sólo están relacionados con ETA, sino también con el terrorismo global. La existencia del Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo sugiere que en política antiterrorista habrá más continuidad que cambio.
La nueva política exterior parece clara: dejar atrás las superioridades históricas, las agresividades verbales y las tentaciones incluso militaristas exhibidas por el Gobierno en los últimos años. El futuro pasa por mucho multilateralismo, mucha solidaridad y nada de ataques preventivos.
El PSOE y el Gobierno tripartito catalán creen que España se enfrenta a una segunda etapa en su democracia para concluir, a juicio de unos, o perfeccionar, en opinión de otros, el Estado de las autonomías que comenzó a construirse con la Constitución consensuada en 1978
Las mismas viejas cuestiones siguen estando sobre la mesa, pero el clima ha cambiado. Todos hablan de "diálogo" y de un "nuevo ciclo político", cuya concreción más segura será la recuperación de las relaciones institucionales entre los Gobiernos central y vasco.
Las líneas maestras de la política económica socialista pretenden arreglar el problema de la vivienda mediante la creación de un amplio mercado de alquiler, invertir más en I+D y realizar una reforma fiscal. En otros aspectos falta una mayor precisión.
El proyecto cultural del PSOE se pondrá en marcha a partir de tres grandes ejes: la celebración del IV Centenario del Quijote, como seña de identidad de la democracia; la Ley de Excepcionalidad, para proteger la producción española, y el IVA superreducido para libros y música.
La reforma de los medios públicos, especialmente la radio y la televisión, pasa por un nuevo Estatuto de RTVE que garantice la independencia. El PSOE propone que el director general sea nombrado por el Parlamento y la creación de un Consejo de Medios Audiovisuales.
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