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REPORTAJE: La ofensiva terrorista AGUSTÍN GALLEGO

"Al ver tanta policía comentamos: debe llegar un personaje muy importante"

Taxista

M. G. - Madrid - 31/12/2006

 
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A las nueve de la mañana de ayer, Agustín Gallego, de 54 años, aguardaba con su taxi ante las puertas de llegada de la T-4. Eran más de 100 vehículos, alineados en dos filas, y él se encontraba cerca del lugar donde suben los clientes. Había empezado la jornada tres horas antes y ya estaba de vuelta tras una primera carrera. "Sobre las ocho y cuarto", recordaba ayer tarde, todavía conmocionado, "empezaron a llegar policías. Eran muchos, vimos al menos dos lecheras, y venían con las sirenas puestas. Comentamos entre nosotros: 'debe llegar un personaje muy importante'. Lo último que nos pasó por la cabeza es que pudiera haber una bomba".

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Unos minutos antes de la explosión, otro taxista le llamó la atención sobre un detalle extraño: las auxiliares que ordenan la subida de los pasajeros a los taxis se habían esfumado. "Miré a la salida de la terminal y no había nadie. Entonces se produjo la explosión. Fue un estruendo largo, como una traca. De inmediato, el túnel donde estábamos se llenó de humo y cayeron fragmentos del techo. Echamos a correr buscando el aire libre".

Agustín permaneció en la zona, aturdido, durante diez minutos. Luego, como la mayoría de sus compañeros, fue a por su taxi. "Al mío no le pasó nada, pero muchos tenían los cristales rotos y a alguno se le bloquearon las puertas", explica. Estaban a menos de 100 metros del lugar de la explosión, o ésa es al menos la impresión que le dió. "Lo que más nos indignó es que la policía pasará a nuestro lado y no nos avisara de lo que iba a pasar".

Tomó su coche, sorteó un ventanal tirado en el suelo y emprendió regreso a Madrid. Por el camino, recogió a dos jóvenes a los que el atentado había sorprendido en el aparcamiento de autobuses -"no tuvieron que decirme nada, tenían la misma cara de susto que yo"- y se cruzó con los coches de policía y ambulancias que iban al aeropuerto. Eran las 9.20 y nadie le detuvo. Los controles se instalarían después.


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