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65 mineros siguen atrapados tras el derrumbe del pasado domingo en México

La desesperación de los familiares aumenta conforme pasan las horas

EFE - San Juan de Sabinas (México) - 21/02/2006

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Madres, esposas e hijos de los 65 mineros atrapados en una mina de carbón en el norte de México ven pasar las horas con desesperación sin que los equipos de rescate hayan dado con ellos desde primeras horas del domingo.

65 mineros siguen atrapados tras el derrumbe del pasado domingo en México
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En la imagen, un compañero aguarda noticias de los mineros atrapados.- AP

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"Él no quería trabajar en la mina pero no lo encontró en otra parte", ha dicho Claudia Jiménez, de 24 años, mujer de Javier Pérez, de 31. Este último llevaba un mes trabajando en la mina, pese a que a su esposa no le gustaba el lugar ni las condiciones.

Los primeros testimonios de algunos de los trabajadores que fueron rescatados tras la explosión por acumulación de gas, registrada en la madrugada domingo, dan idea de la dureza de las condiciones laborales en la mina Pasta de Conchos.

60 euros a la semana

En una entrevista radiofónica, Juan José Galván, de 57 años, que trabajaba para la empresa General de Hulla en la mina y fue hospitalizado con heridas en las manos, explicó que cobraba 660 pesos (63 dólares) a la semana, que no tenía vacaciones ni tampoco seguridad social.

Claudia Jiménez ha recorado que su marido pensaba dejar el carbón en cuanto se presentara algo mejor. "Si tú quieres, chiquilla, ya no voy a trabajar en la mina", le dijo el pasado sábado por la noche antes de partir a la mina donde está atrapado sin que se sepa si está vivo o muerto. "Las quiero mucho", fueron sus últimas palabras antes de salir de casa. Jiménez lleva siete años casada y tiene una hija, Odalis, de 3 años, "con toda la cara de su papá".

"Él es lo que más quiero en la vida y no voy a dejar que una mina me lo quite", se lamenta, mientras recuerda cómo desde el domingo, cuando no le sintió llegar, está angustiada. "Sólo quiero que me lo regresen igual que se lo presté, con vida", afirma.

La explosión tuvo lugar a una profundidad de unos 160 metros y a medio kilómetro de la boca de la mina, situada en el estado mexicano de Coahuila, fronterizo con Estados Unidos. Pese a que las horas siguen pasando sin resultados aparentes mientras las cuadrillas se afanan por liberar la entrada a la mina, la confusión y la desesperación empiezan a hacer mella en la gente.

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