JORGE MARIRRODRIGA - Buenos Aires - 29/10/2007
Las urnas sancionaron ayer la primera elección de una mujer como presidenta de Argentina, tras la victoria de Cristina Fernández de Kirchner, con el 46% de los votos según todos los sondeos, en unos comicios caracterizados por la negativa ciudadana a formar las mesas electorales, la apatía del electorado y la indefinición en cuestiones clave de la vencedora. En 1974, la vicepresidenta María Estela Martínez de Perón asumió la presidencia tras la muerte del general, pero no fue elegida. El Frente Para la Victoria -creado por el presidente, Néstor Kirchner, para vencer a sus rivales dentro del peronismo-, logró ampliamente su objetivo.
Victoria arrolladora. Las urnas sancionaron ayer la primera elección de una mujer como presidenta de Argentina tras la victoria de Cristina Fernández de Kirchner. Fernández, además, no necesita ir a la segunda vuelta para suceder a su marido, Néstor Kirchner, en unos comicios caracterizados por la negativa ciudadana a formar las mesas electorales, la apatía del electorado y la indefinición en cuestiones clave de la vencedora. En la foto, el matrimonio Kirchner celebra el triunfo.- REUTERS






A una hora del cierre de las urnas, no había podido votar la mitad del padrón
La presidenta electa de Argentina, que relevará a su marido en el cargo, sacó una amplia ventaja a la segunda clasificada, Elisa Carrió, de la Coalición Cívica (centroizquierda), con el 25% de los votos, muy lejos de poder forzar una segunda vuelta. Sus partidarios denunciaron numerosas irregularidades y descartaron reconocer la derrota hasta conocer los resultados oficiales. El ex ministro de Economía Roberto Lavagna quedó en tercera posición con sólo el 14%, según los sondeos. Anoche, el recuento oficial, con el 14% escrutado, aún daba a Lavagna el 21,2% de los votos, frente al 42,4% de Fernández y el 18,6% de Carrió.
Mientras los Kirchner volaban desde Río Gallegos, a 2.700 kilómetros al sur de Buenos Aires, donde votaron a primera hora de la mañana por encontrarse empadronados allí, en la capital argentina se repetían las grandes aglomeraciones ante las urnas por la tardía apertura de los colegios. El voto en Argentina es obligatorio y quienes no cumplan su deber pueden sufrir sanciones monetarias y administrativas. La apatía no sólo ha contagiado una campaña electoral sin debates ni programas por parte de algunos candidatos, como la ganadora. De los 17.000 vecinos de la capital convocados a presidir mesas o actuar como vocales, los funcionarios apenas lograron encontrar a unos 2.000. El desinterés explica la ausencia masiva del resto.
El caos era de tal calibre que apenas una hora antes del cierre de las urnas, previsto para las seis de la tarde (cuatro horas más en la España peninsular) tenía que votar aún la mitad del padrón electoral, lo que obligó a prolongar la apertura de colegios una hora. Si los miembros de una mesa no aparecen, sus puestos son cubiertos por los primeros de la fila, razón por la cual no es común que los argentinos madruguen para votar. Pero lo de ayer supera todo lo visto. Incluso algunos fueron detenidos cuando intentaban huir a la carrera al percatarse de que debían quedarse allí todo el día.
A medida que pasaban las horas aumentaron las denuncias por la desaparición de papeletas de la oposición, especialmente en el llamado conurbano bonaerense, el gran cinturón metropolitano de Buenos Aires que concentra el 35% del censo. Ajenos a la falta de interés, los principales candidatos depositaron pronto sus respectivos votos.
Hacia las diez de la noche (hora local), Cristina Fernández dio un discurso de tono muy moderado desde su centro de campaña, en el que proclamó su victoria aunque evitando referirse a sí misma como presidenta, a falta del escrutinio definitivo. Dijo que asume la ventaja lograda como una mayor responsabilidad, tendió la mano a la oposición y llamó a todos los argentinos a asumir su responsabilidad en la construcción del país.
Además de presidente, los 27 millones de argentinos llamados a votar eligieron a ocho gobernadores, entre los que destaca el de la provincia de Buenos Aires, un puesto de una importancia política muy por encima de otros cargos nacionales, incluyendo a los ministros. El actual vicepresidente argentino, Daniel Scioli, se hizo con el cargo, con el 50% de los votos, superando a Fernández en las preferencias. Además, se renovaron la mitad de los diputados nacionales y un tercio del Senado.
- De 54 años, dos hijos
- Licenciada en Derecho
- Militante peronista desde sus años universitarios
- Diputada nacional por Santa Cruz entre 1997 y 2001
- Senadora desde 2001 por Santa Cruz, y desde 2005 por Buenos Aires
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