EL PAIS 28/04/2004
Cinco de los siete países que han ingresado esta semana en la OTAN entrarán en la UE el próximo 1 de mayo; los otros dos -Bulgaria y Rumania- lo harán en 2007. El ingreso en la Alianza antes que en la Unión no es casual. Para todos ellos, su seguridad depende de EE UU, al que agradecen su papel en la caída del comunismo.
Los procesos de privatización acelerada, las reformas legislativas poco transparentes y la cultura de clientelismo político inherente a los viejos regímenes comunistas son el caldo de cultivo ideal para la corrupción en la mayoría de los países del Este que el próximo 1 de mayo ingresarán en la Unión Europea.
Las ciudades de Nova Gorica, en Eslovenia, y de Gorizia, en Italia, han vivido separadas por una barrera desde hace 50 años. Con la entrada de Eslovenia en la UE, el 1 de mayo, esta valla, uno de los últimos signos físicos de la guerra fría en Europa, comenzará a desaparecer.
Los 10 nuevos socios han hecho grandes avances desde la caída del comunismo, hace más de 14 años, hasta su incorporación a la Unión Europea, el 1 de mayo. La situación de las minorías, el trato a los inmigrantes y el fin del tráfico de seres humanos son, sin embargo, algunas de las asignaturas aún pendientes.
Para los 10 nuevos miembros de la UE, especialmente para los antiguos países comunistas, la adhesión ha tenido un alto precio, y su ingreso en la élite europea ha traído consigo importantes sacrificios. Aun así, muchos no llegan lo suficientemente preparados, con lo que se perderán a corto plazo parte de los beneficios.
La Unión Europea exige a Lituania el cierre de la central nuclear de Ignalina, al noreste del país, por el peligro que entraña que sea del mismo diseño que la de Chernóbil, la planta que en abril de 1986 estalló en Ucrania. Las autoridades lituanas piden a cambio una compensación económica, ya que la central produce el 80% de la energía del país.
Con un 10% de la población total del país, los gitanos de Eslovaquia representan una de las minorías étnicas más importantes de los nuevos países que ingresarán en la UE el próximo 1 de mayo. Empobrecidos y discriminados, los gitanos eslovacos han pagado, más que otros sectores, la factura de un duro ajuste económico y social.
Presionadas por la Unión Europea, Letonia y Estonia han reformado sus legislaciones para integrar a sus minorías rusas. Ha habido progresos en los últimos años, pero todavía quedan decenas de miles de personas en las dos repúblicas que carecen de ciudadanía y tienen limitados sus derechos políticos. Son aún inmigrantes en su propio país.
La cultura española está de moda en los nuevos socios de la UE. Desde Letonia hasta Eslovenia, la enseñanza del castellano va ganando terreno, tanto en las escuelas como a través de las aulas e institutos Cervantes. Los autores clásicos y contemporáneos pueblan los escaparates de las librerías de Praga o Varsovia.
La entrada de Polonia en la Unión Europea inquieta a la Iglesia católica, que goza de una excelente salud gracias al liderazgo del papa Juan Pablo II y ve en la UE una peligrosa influencia laica. La jerarquía está dividida entre conservadores agarrados a los valores tradicionales y modernos más progresistas.
El séptimo arte esloveno ha tenido un gran éxito en los festivales internacionales en los últimos años, pero el reducido tamaño del mercado nacional dificulta su difusión. Los profesionales del cine ven con esperanza la entrada en la UE, un nuevo público de más de 300 millones de espectadores.
El ciudadano medio de EE UU ve la ampliación europea como un proceso complejo, lejano y de escaso interés. Sin embargo, las élites del otro lado del Atlántico siguen muy de cerca, por sus consecuencias políticas y económicas, el proceso de integración de un gigante capaz de hacerle sombra a la gran potencia en la escena internacional.
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