EL PAÍS 30/04/2004
Cuenta la leyenda que dos pescadores encontraron en el río Vístula una sirena que les hizo prometer que allí construirían una ciudad que sería indestructible. El resultado fue Varsovia, a la que el rey Segismundo III declaró en 1596 capital de Polonia.
Frente al famoso puente de las cadenas, símbolo de Budapest, está terminando de construirse un suntuoso Four Seasons que es descrito como "el primer seis estrellas de Europa". No es una casualidad. Con sus casi dos millones de habitantes, la capital húngara ha vivido en los últimos años constantes inauguraciones de hoteles.
La capital de Lituania (600.000 habitantes) es sobre todo la ciudad de las iglesias. Más de 40, católicas, ortodoxas, incluso uniatas, en su mayoría barrocas, se amontonan en su ciudad vieja, cada una con su leyenda.
La capital de Letonia es la más poblada y la más internacional de los países bálticos. Principal centro comercial y de negocios de la región desde hace siglos, Riga ofrece a quien recorre sus calles un fascinante paseo por la historia de la arquitectura.
Pocas capitales europeas conservan en tan buen estado un centro histórico medieval como Tallín (400.000 habitantes), nombre estonio que en su origen significaba "ciudad de los daneses", que la ocuparon en 1219.
Suelen indignarse los checos cuando se habla de su país como parte de Europa oriental. Ellos se consideran el centro del continente y Praga se ve a sí misma como el auténtico corazón de Europa.
El río Danubio ha sido y es mucho más que un curso de agua. La civilización y el comercio fluyen por ese río, que ha comunicado Europa central con las costas del mar Negro, ha unido Occidente con Oriente a lo largo de los siglos en una historia no exenta de conflictos y disputas.
Liubliana tiene el encanto y la tranquilidad de una ciudad de provincias. Y lo fue durante las casi nueve décadas en las que Eslovenia formó parte de la antigua Yugoslavia.
Catedrales góticas con alminares, baños turcos y edificios coloniales británicos dibujan un ecléctico perfil de ciudad mediterránea sobre las murallas venecianas de Nicosia (250.000 habitantes), la dividida capital del Chipre de la partición entre griegos y turcos.
La Valetta es el resultado de una combinación imposible, la brumosa Inglaterra -Malta logró la idependencia del Reino Unido en 1964- con el Mediterráneo más puro, cabinas rojas y conducción por la izquierda con una preciosa ciudad de piedra caliza fortificada, situada a 300 kilómetros de las costas de Túnez.
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