Jueves, 9/7/2009

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Orlando: "En Sicilia hay que ser lobo o san Francisco"

El alcalde de Palermo afirma que la Mafia siempre ha necesitado del poder para vivir

JUAN ARIAS - Roma - 08/08/1988

 
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Palermo se ha convertido en estos momentos en el centro de interés político de Italia. Tras la polémica sobre el juez de la lucha anti-Mafia, Giovanni Falcone, se ha desencadenado ahora una ofensiva contra el alcalde Leoluca Orlando por haber afirmado, en una carta al presidente de la República, que "la Mafia se está comiendo al Estado", y que ello supone "un grave peligro para la democracia italiana". "En Sicilia hay que ser lobo o san Francisco", ha declarado a EL PAÍS al referirse a la situación en la isla meridional italiana.

Cuando uno se adentra en las calles de Palermo y saca el tema fatal, la Mafia, todos enmudecen, se petrifican. Dicen que ellos no leen los periódicos y menos las páginas de política. Y si el periodista menta a los mafiosos, responden secamente: "Esos están en Roma".En el aire se respira el miedo a un nuevo ataque criminal de la Mafia. Y se piensa como posible víctima, más que en el juez Falcone, en el alcalde Orlando, una personalidad atípica, de 41 años, democristiano, creyente, amigo de los jesuitas progres de Palermo, que han creado la primera escuela para formar a los políticos.

Dicen que Orlando fue colocado en la alcaldía por el líder democristiano y hoy jefe del Gobierno, Ciriaco de Mita, en una operación gatopardesca para redimir la imagen de su partido, comprometido desde hace 40 años con la Mafia en Sicilia. Pero él afirma, citando a Goethe, que, aunque esa fuera la intención, "cada uno acaba dependiendo de las criaturas que crea". Y añade: "Curiosamente, De Mita, al permitir la dialéctica dentro del partido, se está convirtiendo en el verdadero líder de la nueva izquierda del país".

Contrastes

Palermo es una ciudad que en los índices de bienestar del país aparece con 14 puntos por debajo de la media nacional, pero que al mismo tiempo cuenta con un número mayor de automóviles de lujo que Milán o Roma.

El alcalde dice: "El drama para nosotros es que aquí un político no puede ser normal: o se es un lobo o se tiene que ser un san Francisco".

Este alcalde joven, tan distinto de los que han pasado por su despacho en los últimos 40 años, abogado, culto, emotivo pero sereno al mismo tiempo, es considerado por unos como un Quijote, por otros como un ingenuo; pero los más empiezan a temerle porque lleva ya el tiempo récord de tres años de alcalde y porque ha creado el primer Gobierno municipal que rompe todos los esquemas políticos nacionales. Está formado por democristianos, comunistas, verdes, socialdemócratas y por el nuevo partido de cristianos progresistas.

"Es un Gobierno", dice, "que rompe la lógica infernal de las llamadas pertenencias, es decir, de los viejos grupos de poder político petrificados". Una lógica, según Orlando, que ha impedido a Palermo y a Sicilia entrar en la modernidad y que ha puesto las bases para el poder mafioso, que es típicamente de pertenencia al clan y no de "identidad y de diálogo". Y para decirlo con un ejemplo, afirma: "La nueva cultura política que está naciendo aquí en Palermo -que si se acabase extendiendo a nivel nacional sería el principio de la nueva República y el único remedio eficaz contra la nueva Mafia- la simbolizan dos jóvenes cogidos de la mano que van a una manifestación contra la guerra o la Mafia y al final no se preguntan en qué partidos militan sus padres. Se identifican en la lucha, en el programa".

A los que afirman que exagera cuando dice que la Mafia es un peligro para la democracia del país, les recuerda que la Mafia hoy ha cambiado de identidad. Tras haber entrado en el gran mercado de la droga y sobre todo de las armas, condiciona la política nacional, y acaba ocupando o infectando los ganglios del poder político y económico. "No hay que olvidar", dice, "que la Mafia no es una delincuencia cualquiera, sino que es una delincuencia que siempre ha necesitado del poder para vivir y que su fuerza está en vaciar la democracia de contenido".

Lo que no entiende Orlando es por qué los socialistas se han excluido de la nueva experiencia que está viviendo el Gobierno de Palermo, donde un movimiento popular, heterogéneo, despojado de las viejas identidades, ha convertido, sin saberlo, una lucha de tipo moral antiMafia en una verdadera experiencia política nueva. "Es que el partido socialista", dice, "ha perdido en Palermo la batalla del cambio y se ha colocado fuera".

Error socialista

Tras considerar como un gran error la actitud socialista, añade: "Para mí es antinatural esta autoexclusión porque justamente nosotros, con el Gobierno que hemos hecho, estamos actualizando la intuición de Craxi de hace 10 años de querer acabar con las ideologías, de aguparse en torno a un programa y de superar las viejas pertenencias políticas. Y la primera vez que en Italia nace una experiencia que podría considerarse hija del proceso de modernización de los socialistas, ellos se van a la oposición".

En los últimos 10 años, en Palermo la Mafia ha asesinado sólo a democristianos y comunistas. Orlando lo explica diciendo: "El partido socialista ha abandonado los tonos fuertes en la lucha contra la Mafia. No querría que se me tergiversara, pero en el debate interno del PSI el tema de la Mafia se plantea en un contexto más amplio. No se trata de mayor o menor empeño, sino que culturalmente el problema se contempla desde otra óptica". Y añade: "Para ser sincero, la Democracia Cristiana, quizá habiendo caído tan bajo en el pasado por su compromiso con la Mafia, ha acabado haciendo un cambio más radical. Por ejemplo, la decisión que nosotros hemos adoptado de romper con ciertos ambientes, y que nos ha costado perder muchos votos, francamente no la han hecho aún otros partidos".


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