Lunes, 23/11/2009

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El conflicto de Oriente Próximo

Israel intenta arrastrar a los países árabes a la cumbre de paz en EE UU

Olmert libera a 441 palestinos y promete no construir nuevos asentamientos

JUAN MIGUEL MUÑOZ - Jerusalén - 20/11/2007

 
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"¿Por qué no se han remitido aún las invitaciones a los países participantes en la conferencia de Annapolis? Porque para las bodas se mandan meses antes de la celebración, pero para un funeral se envían la víspera". El chiste lo cuentan dirigentes políticos de la extrema derecha israelí, que han impuesto al primer ministro la agenda para las negociaciones que Ehud Olmert pretende entablar con la Autoridad Nacional Palestina, una vez concluya la cita en la ciudad estadounidense la próxima semana. El jefe del Gobierno ya ha advertido de que la reunión de Maryland sólo será el punto de partida, y que ningún fruto se cosechará en Annapolis. No obstante, para esa ceremonia necesita a su lado a dirigentes árabes de postín. Sin la presencia del ministro de Exteriores saudí, y de algún representante sirio, la fotografía saldrá borrosa.

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"La conferencia crea trampas en vez de eliminar trabas", dice un experto

Con la vista puesta en las capitales árabes, el jefe del Gobierno hebreo anunció ayer, pese al rechazo declarado del jefe del Ejército, la liberación de 441 prisioneros palestinos no implicados en delitos de sangre -sólo en el mes de octubre fueron encarcelados 350-. También prometió que no se construirán nuevos asentamientos en Cisjordania, y que se desmantelarán las colonias salvajes, ilegales para el propio Tribunal Supremo israelí. "Es imposible repetir que la Hoja de Ruta es un logro estratégico para Israel y al tiempo ignorar nuestras obligaciones. Admitámoslo: nos comprometimos a no construir nuevos asentamientos. No los construiremos. Prometimos no confiscar más tierras. No las confiscaremos. Prometimos arrasar las colonias al margen de la ley israelí, y lo haremos", afirmó Olmert antes de la reunión de su Gabinete.

Ambas iniciativas son señuelos para arrastrar a Annapolis, probablemente en vano, a Arabia Saudí y Siria. Damasco exige que la devolución del Golán, invadida hace 40 años, sea materia de negociación. Riad pretende que su plan de paz -retirada completa de los territorios ocupados en 1967 a cambio del reconocimiento de Israel por los 22 países de la Liga Árabe- figure en lugar destacado. Hasta el viernes, cuando en El Cairo se celebre la cumbre de la Liga Árabe, no habrá respuesta. "Si no acude Saud al Faisal, jefe de la diplomacia saudí, no será lo mismo", dice un diplomático occidental.

Las declaraciones de Olmert decepcionaron a la Autoridad Nacional Palestina, escamada porque nada dijo del crecimiento de los asentamientos ya existentes, en los que residen 120.000 personas. Además de que es una medida reversible en cualquier instante, Israel no ha alzado ninguna colonia en la última década. Y en cuanto a los reclusos -todos de Al Fatah, el partido de Abbas-, la cifra de 441 no sólo ha frustrado a los mandamases de Ramala, que reclamaban la liberación de 2.000, sino también a Washington. Algunos negociadores palestinos aseguran que es mejor no acudir a Annapolis que viajar en las actuales circunstancias.

Y es que el equilibrismo político de Olmert, que hoy viaja a Egipto para entrevistarse con el presidente Hosni Mubarak, parece abocado al descalabro. Forzado por la derecha radical integrada en su Ejecutivo -impulsora de una ley para que cualquier concesión sobre Jerusalén requiera dos tercios de los votos del Parlamento, en lugar de la mitad más uno- y por ministros de su propio partido, el primer ministro ha advertido de que el reconocimiento de Israel como Estado judío es un requisito sine qua non para iniciar la negociación. A sabiendas de que aceptar esta condición implica el suicidio político para cualquier dirigente palestino.

"La conferencia crea más trampas en lugar de eliminar obstáculos. La conferencia ya ha logrado un objetivo: Olmert alaba a Abbas y proclama que hay un socio palestino para la paz. Pero no hay un socio israelí", sentencia Zvi Bar'el, analista político de Haaretz.


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