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Muchos jubilados en las colas ante el cádaver del ex presidente

RODRIGO FERNÁNDEZ - Moscú - 25/04/2007

 
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Borís Yeltsin, con el rostro descubierto, yacía frente al altar de la catedral de Cristo Redentor, la más grande del país, con el féretro envuelto en la bandera tricolor rusa. Los rusos que desfilaban frente a él no podían acercarse a su cuerpo, sino que tenían que pasar a unos 15 metros de distancia. Cuatro soldados del Regimiento Presidencial, con su uniforme verde, hacían guardia en las cuatro esquinas del féretro, junto a las velas rojas que ardían mientras se desarrollaba la liturgia ortodoxa de difuntos por el alma del ex presidente Yeltsin. Al fondo, la ex primera dama Naína, con los ojos hinchados y flanqueada por sus dos hijas, Yelena y Tatiana, permanecía sentada junto con otros miembros de la familia.

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En la calle, la gente debía guardar una fila de unos 400 metros antes de poder entrar en la catedral para rendir su último tributo a Borís Yeltsin. La mayoría eran personas de edad madura y jubilados, que vivieron los tiempos de la agonía de la Unión Soviética, su desaparición y el doloroso parto de un nuevo sistema. Pero no faltaban tampoco algunos jóvenes que se educaron ya sin la tutela del régimen comunista.

Rival de Gorbachov

"Estoy en esta fila porque Yeltsin fue el primero en entregar el carné del partido Comunista. Yo no pertenecía al partido y teníamos las puertas cerradas para ocupar puestos de responsabilidad. Y fue Yeltsin quien nos dio la libertad de recuperar nuestra fe ortodoxa", comentó Raísa, de 61 años. Alexandr, de 60 años, vino a rendirle un último homenaje porque Yeltsin fue "la única persona que venció a [Mijaíl] Gorbachov". "Gorbachov había hecho mucho mal y puesto al país al borde de la catástrofe. Yeltsin se le opuso, luchó largamente contra él y al final salió victorioso. Fue un gran estadista que durante una década estuvo creando la nueva Rusia", señaló.

"Su muerte me dejó consternada, aunque comprendo que estaba entrado en años y enfermo. Estoy en esta fila porque una gran etapa de mi vida fue condicionada por Yeltsin, por su Gobierno. Tenía 13 años cuando él llegó al poder, terminé la escuela bajo su régimen, entré en la Universidad y obtuve la posibilidad de elegir libremente mi profesión. En general, estoy contenta con mi vida, y creo que mi situación sería otra si Yeltsin no hubiera acabado con el régimen socialista. Tengo sólo buenas palabras para Yeltsin", dice emocionada Iula, de 29 años.

Casi todos los que fueron a despedirse de Yeltsin llevaban flores, pero los ramos más hermosos de rosas que había en la fila pertenecían a una pareja de gays. Rich, de 39 años, que vino con su joven compañero, llevaba el pelo negro hasta los hombros y dos aretes de oro en las orejas. "Nos dio la libertad, una libertad que en la URSS era impensable, que parecía una utopía inalcanzable. Por eso hemos venido a darle las gracias", explicó Rich.


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