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Obama pasa a la ofensiva frente a los intentos de desvirtuar su gestión

El presidente de EE UU defenderá hoy la reforma sanitaria en el Congreso

En una semana decisiva para su presidencia, Barack Obama ha pasado a la ofensiva, no sólo para salvar su trascendental apuesta sobre la reforma sanitaria, sino también para tranquilizar a sus compatriotas sobre la alarma desatada por los conservadores por el riesgo de que Estados Unidos esté convirtiéndose en un país socialista.

No es una exageración. Obama fue recibido ayer en el colegio de Arlington (Virginia) en el que pronunció un polémico discurso de inauguración del curso escolar con una pancarta en la que se leía: "Señor Presidente, manténgase lejos de nuestros hijos". Y un congresista republicano dijo que actos como ese "son propios de Irak o Corea del Norte".

Escuchando el discurso, se hace muy difícil encontrar el adoctrinamiento ideológico que la derecha denuncia. El presidente habló de su propia experiencia como hijo de una familia sin recursos que se vio obligado a hacer grandes sacrificios para obtener una buena educación. Dijo que ningún chico debe permitir que las dificultades de su entorno, por grandes que sean, le hagan abandonar sus estudios y dejar la escuela. "Con eso, no sólo te estás haciendo daño a ti mismo, le estás haciendo daño a tu país también", advirtió.

Obama se reunió con Pelosi y Reid para diseñar la estrategia de esta semana clave

Apeló a la responsabilidad de cada familia y de cada estudiante, y señaló que la escuela debe de ser el lugar en el que, antes de nada, se aprende -"nadie nace con todo sabido"- y en el que, además, se empieza a formar la conciencia crítica de las personas -"no tengáis miedo de hacer preguntas"-.

En fin, un discurso, aparentemente razonable que, sin embargo, varios distritos escolares del país se negaron a ofrecer en sus colegios en respaldo a la petición hecha por varias organizaciones conservadoras que creen necesario defender la familia y la pureza mental de la adolescencia.

Pese a todo el ruido, este episodio será eclipsado por la verdadera batalla en ciernes: la reforma sanitaria. Obama no se ha pronunciado públicamente sobre el asunto durante los veinte días que ha permanecido de vacaciones, y ello ha generado una gigantesca confusión sobre los términos de esa reforma.

El presidente necesita ahora actuar para sacar adelante una iniciativa que se ha convertido en la mayor prueba hasta ahora de la credibilidad de su gestión y de la potencia de su liderazgo. Tal como lo resumía ayer la portada de un diario sensacionalista: "Es ahora o nunca".

Obama se reunió ayer con los líderes de su partido en el Congreso -la presidenta de la Cámara, Nancy Pelosi, y el jefe del grupo demócrata en el Senado, Harry Reid- para coordinar la estrategia de esta semana, en la que el asunto puede quedar encarrilado o empantanado.

El momento crucial será, esta noche, la intervención de Obama ante el pleno de ambas cámaras del Congreso. Es esa una opción que, en un sistema presidencial como el norteamericano, donde el inquilino de la Casa Blanca sólo viaja una vez al año hasta el Capitolio, se reserva para las ocasiones extraordinarias.

Esta lo es. La reforma del modelo sanitario es, probablemente, el mayor avance social que se produce en Estados Unidos en medio siglo. Representa, no sólo una modificación de las reglas del juego para los poderosos sectores que influyen en la industria de la salud, sino una nueva visión de parte de la sociedad sobre el espacio que se le concede al Estado.

En este último aspecto está centrado el debate, lo que lo convierte en una dura pelea ideológica. Las posiciones oscilan desde las más radicales entre los republicanos, que consideran que el Gobierno no tiene ningún papel que interpretar en el cuidado de la salud de sus ciudadanos, hasta las más radicales entre los demócratas, que piden un robusto sistema público, al estilo de lo que se hace en Europa.

A fuerza de buscar equilibrios entre esas posiciones, la postura del propio Obama ha quedado tan desvirtuada que hoy es difícil saber cuál es su modelo. Intentará aclararlo en el discurso de esta noche, para empezar después una difícil negociación entre los diferentes sectores del Congreso.

Es impredecible el resultado final. Por urgente que sea este asunto para Obama, no se puede descartar un fracaso. Si se llega a aprobar una reforma, lo más probable es que ésta sea moderada y prudente. No hay espacio ni voluntad para un cambio radical. Pero un modesto progreso, uno que, por ejemplo, garantice la cobertura universal y proteja en serio los intereses de los asegurados, puede ser un paso gigantesco en este país.

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