REUTERS - Bagdad - 30/07/2009
Las explosiones de dos bombas han causado la muerte hoy a al menos 11 personas en Irak. Episodios como estos están haciendo resurgir el temor entre los iraquíes de que a pesar de las mejoras en la seguridad, los insurgentes aún tienen el potencial de llevar a cabo atentados como los que en el pasado han dejado baños de sangre en varias ciudades del país.
La primera bomba estalló dentro de la oficina local de un partido político en la ciudad de Baquba, en el noreste del país. Allí murieron siete personas y otras ocho resultaron heridas, según las autoridades de la región de Diyala. Esta zona, donde residen árabes, kurdos, turcos y musulmanes suníes y chiíes, es uno de los últimos puntos donde la insurgencia árabe-suní y otros grupos armados continúan sus actividades.
Horas después, un suicida estrelló su vehículo cargado de explosivos contra una estación policial en Qaim, cerca de la frontera siria, dejando cuatro víctimas mortales y siete heridos.
Las fuerzas de combate estadounidenses se han retirado ya de las ciudades, pasando el control a los iraquíes, aunque existen dudas sobre si estos serán capaces de manejar la seguridad en el aún convulsionado país.
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