ENRIQUE RUIZ GARCIA 11/11/1987
La situación política mexicana requiere una lectura por lo menos enrevesada porque los vericuetos por los que discurre son insondables. Eso es lo que ha hecho decir que para saber qué pasa en México es preciso leerlo todo al revés. De esa premisa parte este artículo sobre el que va a ser nuevo presidente de México.
Tibor Mende, el gran analista del Tercer Mundo, decía, de México, estas palabras: "Para entender lo que ocurre en el país hay que leer todo al revés. Por ejemplo, donde dice revolución hay que entender contrarrevolución, y así indefinidamente". Algunos mexicanos, por su lado, repiten: "Éste es un país superrealista, un país de cultura mágica". Algunos miembros de la clase política misma anticipan una teoría fascinante e inútil: "Cada presidente sabe que su destino [repito al pie de la letra una afirmación en la que no creo, pero que es significativa], como en la guerraflorida, es subir aclamado a lo alto de la pirámide, permanecer en ella como un símbolo del equilibrio astral y perecer al finalizar para dejar intacto y completo, sin huella ni presencia, el espacio político total a su sucesor". De vez en vez, el presidente anterior es ejecutado moralmente.Me apresuro a decir que no creo en ninguna de esas ilusiones ópticas. La clase política mexicana disfruta de una salud excelente (en los términos bifrontes con que Ortega y Gasset hablara, en una ocasión histórica, de la salud española) y de una astucia y un realismo notables. La reproducción del poder representa en México un esfuerzo casi inverosímil, para ser a la vez la legalidad y la legitimidad. Ese esfuerzo no es pequeño, pero cada día que pasa es más difícil. Los últimos años lo revelan.
En esa perspectiva de legalidad-legitimidad se ha generado la selección del nuevo candidato del partido gubernamental (a todas luces mayoritario, pese al control de las urnas) en favor de un economista de 39 años: Carlos Salinas de Gortari.
Carlos Salinas de Gortari, hijo de la clase política institucionalizada, llegará a la presidencia de la República -no es asunto de juego, y llegará, pues- a la misma edad que lo hizo Lázaro Cárdenas: por los 40 años. Lázaro Cárdenas era hijo de sus obras, y las propiedades de la familia se reducían, según su diario, a "una vaca de color bermejo y blanco que él mismo llevaba por las mañanas, después de la ordeña, al potrero de La Cruz". Al revés, Carlos Salinas de Gortari es hijo de un senador (en funciones) de la República, también economista de profesión y de influencia real; después de una extensa vida política y administrativa. En suma, sin equívocos, el nuevo candidato del PRI es representante de una clase.
Carlos Salinas de Gortari, con maestría en la universidad de Harvard, profesor universitario, miembro eminente de la joven clase política mexicana, es actualmente el protagonista esencial de la política económica (impopular, sin duda, pero más realista que la de Alan García, que es popular ahora, pero que difícilmente podrá imaginar el alcance de su impopularidad en el mañana) del presidente Miguel de la Madrid. En otras palabras, su Secretaría de Estado es la Secretaría (un secretario de Estado no es un ministro en la terminología europea, sino un funcionario que cumple funciones que le traslada esencialmente el presidente) de Programación y Presupuesto.
Dicho de otra forma, la sucesión en la candidatura del partido, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), se transmite después de haberse abierto la preselección, en un destape previo, a seis secretarios de Estado del Gabinete de De la Madrid. Es significativo señalar que, fuera de ese proceso legal, el hijo del presidente Cárdenas, ex gobernador, se autopresentó a sí mismo como líder de la corriente democrática del propio partido dominante. Su ocurrencia, inviable en el sistema, abrió esa preselección de seis que dejó al final un candidato único, solar y solitario: Carlos Salinas.Este personaje rompe la tradición de los últimos presidentes que fueron licenciados en Derecho; él viene del Colegio de Economistas en un país cuya economía vive la mayor crisis mexicana del siglo XX.
Dicho eso, y más allá de la guerraflorida y del dedazo (opción doble cero que ningún mexicano desdeña), Carlos Salinas es un candidato notable que representa a una generación con las cartas, al tiempo, contadas y fascinantes. Piénsese -europeos que crecen demográficamente si los turcos, en Alemania, ponen el huevo- en lo siguiente: el México de la revolución tenía, en 1910, 15 millones de habitantes; hoy tiene 82 millones. Pues bien, durante el período de Miguel de la Madrid, la población (su mandato termina en 1988) habrá crecido en 8,3 millones; en 8,5 millones en el período que presidirá, de 1989 a 1994, Carlos Salinas.
Considérese algo tan impresionante como esto: entre 1980 y el año 2000 (con 100.000 millones de dólares de deuda externa, que comprometen, como pago de los intereses, el 36% de sus exportaciones totales) México tendrá que crear 16,6 millones de nuevos empleos; Japón (la potencia superpoderosa de los samurais electrónicos), solamente, para el mismo período, 5,4 millones; Europa occidental entera, nada más que 20,2 millones.
La generación de Carlos Salinas tenía 20 años justos en 1968 -en aquella tragedia de Matelolco-, y es la primera generación que verá disminuir el grupo de los menores de 15 años, que llegaron a representar el 45% del total de la población (frente al 20% en los países industrializados), para disminuir, al final del siglo XX, al 28%. De ahora en adelante, los estratos poblacionales de más de 15 años crecerán, como exigencia política irremediable, a más velocidad que el mundo infantil. No es algo desdeñable; al revés, implica un nuevo discurso.
Esa generación, que en el año 2000 tendrá 52 años, verá un país de 100 millones de mexicanos (América Latina pasará entonces de los 600 millones), con las demandas políticas, sociales y culturales del siglo XXI. La pirámide demográfica de México se hace adulta, y, con significativo proceso de cambio, Cárdenas llegó al poder en 1934, a los 40 años, y lo mismo ocurrirá en 1989 con Salinas de Gortari. Sólo que éste Irá acompañado por el crecimiento irreversible de los estratos de los 20 a los 50 años. Una revolución sociológica.
El significado de esa revolución todavía no se valora en México -que esperaba a Godot y tuvo a Godot-, pero Carlos Salinas sabe que esa Inmensa oleada de adultos en busca de empleo, calidad de la vida, otra escuela y otro discurso político no tendrá otra opción que la opción doble cero. Más aún: tendrá que implantar la opción triple cero. Como en América Latina, donde el crecimiento de puestos de trabajo para hacer frente a la demanda demográfica entre los años 1980 y 2000 será de 76,5 millones (incluyendo a México), lo cual significa un número mayor de empleos que los que tendrán que crear en ese mismo período Europa occidental, Estados Unidos y Japón: los más ricos.
La guerraflorida, con la ejecución moral del presidente anterior, terminará posiblemente con el nuevo sexenio. Es imprescindible porque la sociedad adulta exige cambios reales, formas modernas de participación. No la condena florida del anterior.
El coste social de la deuda, la crisis y la ilusión petrolera ha sido enorme. El trabajo, que representara el 46% del producto interior bruto (PIB) en 1976, se ha contraído al 27,5% en 1986. El trabajo representó ya en Francia, en 1848, el 32% del PIB; el 52% en 1890.
Alimentar a 92 millones de mexicanos (hoy con índices peligrosamente bajos) al finalizar el período de Carlos Salinas, dar trabajo y escuela a una nueva sociedad, es de por sí una obra de gigantes. El hecho de que Salinas de Gortari tenga hoy 39 años prueba que la generación de Tlatelolco, aunque él viera el toro desde otras barreras, sabe muy bien que el desarrollo es una exigencia irreversible que pasa por la democracia. Ahí no existen equívocos.
El próximo mandato, en una sociedad donde el 70% vive en las ciudades (por caótico que sea ese urbanismo en casos), será un mandato único. La bendición para México no es el petróleo. Lo es, paradójicamente, que Carlos Salinas no sea un demagogo. Sabe el valor del filo de la navaja. Esa generación lo tiene en la memoria. El juego se termina. Comienza el ascenso a esa nueva pirámide impresionante de adultos en busca de un futuro.
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Sexto encierro, lento y peligroso