Miércoles, 16/12/2009

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"No me da miedo Sciascia"

J. A. - Roma - 08/08/1988

 
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Leonardo Sciascia, el famoso escritor siciliano, una especie de conciencia nacional y el mayor experto en el problema de la Mafia, afirmó hace un año que, mientras en el pasado bastaba con no hablar de la Mafia para hacer carrera, hoy basta con gritar contra ella para subir como la espuma. Algunos lo consideraron entonces un ataque al alcalde Orlando y al juez Falcone.Sin que EL PAÍS sacara el tema, Orlando dijo: "Yo, que afirmo siempre que no debemos decir que nosotros somos la antimafia, sino que la Mafia es. la antidemocracia, le estoy muy agradecido a Sciascia.

Cuando abrió la polémica, yo dije que, como hace la lluvia, Leonardo había hecho sacar los cuernos a los caracoles. Fue él quien rompió el conformismo antimafioso. No se puede polemizar con Sciascia. Yo intento usar la lengua italiana, pero Sciascia, como Italo Calvino, es la lengua italiana, y no se puede hacer polémica con la lengua. Yo no tengo miedo a Sciascia sino a aquellos que, usando sus palabras, se descubre después que son amigos de mafiosos y que no conocen el italiano".

"Mi preocupación", añade el alcalde, "es que mientras nosotros estamos buscando desesperadamente un nuevo lenguaje en el que no se hable ya de antimafia sino en el que se diga que la Mafia mata a la democracia, Sciascia regale un lenguaje alternativo a mafiosos y amigos de mafiosos. Me duele porque el lenguaje que nosotros podamos construir nunca será perfecto como el construido por el gran artista de la lengua".

El alcalde de Palermo tiene una obsesión por el problema del lenguaje aplicado al tema de la Mafia y la política. "Lo curioso es", dice, "que yo, desde que he llegado a la alcaldía y he abierto el palacio del Ayuntamiento a todos, para que en él se discuta sobre los problemas de la ciudad, no he hecho más que decir cosas obvias, sencillas, con el lenguaje de la gente de la calle. Y, sin embargo, aparezco como revolucionario, casi un subversivo". Una tarde, recorriendo los barrios pobres de la ciudad, una anciana le gritó: "Tú eres el alcalde de los niños". "Eso me impresionó", dice, "y más tarde me lo explicó mejor una amiga mía: 'Cuando se reúnen en mi casa los industriales, que no te aman porque te consideran un traidor que ha cambiado las reglas del juego, mi hijo de 14 años te defiende siempre. Tú no serás ya mi alcalde, pero estoy convencido de que sí podrás ser el alcalde de nuestros hijos".


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