F. PEINADO / M. A. SÁNCHEZ-VALLEJO 23/11/2009
Uno de los periodistas asesinados es Henry Arneta, de 45 años, que trabajaba para la cadena de radio DZRH. Su compañero, Francisco Calado, dice que sus compañeros de redacción están en estado de shock. “Henry era nuestro corresponsal en Maguindanao desde 1996. Él venía a veces a hacernos visitas a nuestra sede de Manila y nos traía regalos de la zona. Muchas veces comida tradicional”. Según Calado la esposa de Arneta ha sido la encargada de identificar el cuerpo de su marido y ella les transmitió la noticia. “Esto es un desastre. Condenamos este acto propio de bárbaros”. Calado dice que la muerte de su compañero les ha sorprendido especialmente porque los periodistas no son el objetivo habitual de los terroristas. “Por la información de que disponemos el convoy en el que iban numerosos periodistas fue asaltado por unos cien bandidos, les ordenaron que se bajaran de los vehículos y abrieron fuego contra muchos de ellos. A otros se los llevaron secuestrados”.
“En Filipinas estamos acostumbrados a este tipo de matanzas, sobre todo en época electoral, pero en los 38 años que llevo aquí no recuerdo una tan masiva. Es un reflejo de la agresividad que existe entre las distintas fuerzas políticas”, dice el misionero claretiano Ángel Calvo, que vive en Zamboanga y desarrolla tres proyectos sobre prevención de violencia financiados por la ONG Manos Unidas y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID). Calvo, nacido hace 64 años en Valladolid, constata una realidad de violencia endémica en Filipinas. “Aunque la campaña electoral aún no ha empezado, todos estamos ya prevenidos, tomamos medidas. Por eso los asesinados han ido a registrarse a la oficina electoral protegidos, rodeados por medios de comunicación y un grupo de abogados, pero no les ha servido de nada”, dice Calvo. “Zamboanga está lejos de la matanza [ocurrida en Buluan, provincia de Maguindanao, al sur del país], pero el contexto sociopolítico es el mismo: grupos militarizados, algunos de cuyos miembros han pertenecido tiempo atrás o siguen vinculados al Frente Moro; lucha encarnizada por el poder entre las familias más influyentes de la zona, entre las que estalla de vez en cuando un ridó, como se llama aquí a la vendetta; la actividad de los comandos, como denominamos a los grupos armados de inspiración islamista… Son muy comunes los secuestros, no sólo de gente rica sino también de misioneros, sobre todo extranjeros, como por ejemplo un padre irlandés que por fortuna acaba de ser liberado…”.
La región de Maguindanao es la más pobre e inestable de Filipinas y las ONG tienen problemas para realizar sus actividades. Eric Fort, jefe de misión de Acción contra el hambre, en conversación telefónica desde Manila, dice que Maguindanao ha estado sacudida por la violencia política, principalmente por los separatistas del Frente Moro de Liberación Islámica, desde hace más de 20 años. “Después de un período de tregua la tensión ha escalado de nuevo desde agosto de 2008. Le hemos pedido a nuestro personal, 30 trabajadores, que salgan temporalmente de la zona hasta que podamos evaluar de nuevo la situación. Es posible que esta matanza pueda dar paso a represalias y a una guerra abierta entre clanes políticos”. Fort dice que en Maguindanao son frecuentes los enfrentamientos por la propiedad de la tierra. “Hemos puesto en marcha un programa en cooperación con las autoridades locales para intentar resolver estos problemas”. Naciones Unidas ha hecho un llamamiento a la población de las regiones vecinas a Maguindanao para que no entren en la zona. El conflicto en Maguindanao, habitada por seis millones de personas, ha generado más de 250.000 desplazados.
La conmoción por la pérdida de un compañero también ha afectado a los periodistas de Bombo Radyo. Ernesto Maravilla, de 47 años, era el corresponsal de la cadena en la conflictiva región desde hacía 15 años. Uno de sus compañeros responde al teléfono de la emisora: “En cuanto se difundió la noticia del asalto al convoy de periodistas llamamos a Maravilla pero no contestaba. Al rato alguien cogió el teléfono y respondió que nos habíamos equivocado de número. Era uno de los asaltantes”. Más tarde, las autoridades les confirmaron que su corresponsal en Maguindanao era uno de los decapitados que había sido identificado. A pesar de la pérdida, horas después, su compañero seguía informando en los boletines informativos sobre la tragedia que ha conmocionado al país“Estamos muy tristes. Maravilla era un gran periodista”.
¿Qué es esto?Compartir:
Puedes utilizar el teclado:
Texto
| Hora | Noticia |
|---|---|
| 12:44 | Los viernes son de Dani Clos |
| 12:07 | Pirelli va al mercado de ocasión |
| 11:46 | El gol como hábitat natural |
| 09:47 | Alerta por el frío en 48 provincias |
| 12 Feb | Cristiano vale por 10 |
© EDICIONES EL PAÍS, S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid (España)