Jueves, 24/12/2009

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El golpe más duro a las FARC

De cabo segundo a ángel guardián

C. GALINDO - Bogotá - 06/07/2008

 
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"William Pérez me salvó la vida", dijo Ingrid Betancourt nada más bajar del avión que la trajo de la selva a Bogotá tras seis años de cautiverio. Entonces él se acercó a ella, la abrazó y se perdió de nuevo entre el grupo formado por los otros 14 liberados. El cabo segundo William Humberto Pérez Medina, de 33 años y rehén de las FARC desde el 3 de marzo de 1998, fue el enfermero que cuidó a la ex candidata presidencial cuando ésta estaba al borde de la muerte, víctima de la malnutrición, las picaduras de mosquitos y las enfermedades de la selva.

FARC

(Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)

A FONDO

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Colombia

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Capital:
Santa Fe de Bogotá.
Gobierno:
República.
Población:
45,013,672 (est. 2008)

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Cuidó la salud de Betancourt y de los demás rehenes

Pérez fue secuestrado en una operación junto a otros 40 militares. Nació en Riohacha, una localidad de la región norteña de la Guajira, en el seno de una familia modesta y decidió ingresar en 1994 en el Ejército, donde estudió enfermería. En la selva, utilizó sus conocimientos y se convirtió en el guardián de la salud física y mental de los secuestrados. "Ingrid tenía deseos de morirse. Yo le decía: todo el mundo está pendiente de usted, no se deje morir, debe ser fuerte y salir adelante", ha contado.

Cuidó a Betancourt, con la que estuvo cuatro años, y al resto, incluidos algunos guerrilleros. Pérez, que sacrificó algunos intentos de fuga para quedarse a cuidar a los rehenes, les hacía más soportables los largos días leyéndoles las poesías que escribía. "Era una tortura psicológica", ha dicho del trato que les dio la guerrilla.

El cabo, que ha sufrido tres episodios de paludismo y está sometiéndose a algunos chequeos médicos en la capital colombiana, se dispone ahora a volver a casa, donde le esperan su madre, cinco hermanos y una veintena de sobrinos. Pero no estará su padre, que falleció hace menos de 50 días. Ni tampoco estará su abuelo, de 84 años, que el jueves murió de un infarto tras conocer la liberación de su nieto.

Pero el cabo ya está libre. Días antes de caer en manos de la guerrilla, Pérez le dijo a su madre que quería ser médico y la Universidad de Santiago de Cali le ha ofrecido una beca para cumplir su sueño.


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