JUAN ARIAS / EL PAÍS 05/04/2004
Lula había prometido crear en cuatro años diez millones de nuevos puestos de trabajo, pero 2003 acabó con el mayor desempleo (un 19%) de los últimos 18 años. Y el proyecto para jóvenes de las familias más pobres, titulado Primer empleo, apenas si ha llegado a mil de ellos.
Debía haber sido el programa estrella de Lula, que quiere exportarlo al exterior, pero está prácticamente paralizado. El proyecto encuentra dificultades por motivos burocráticos y porque se lo disputan, por una parte, las alcaldías, pues da muchos votos, la Iglesia y el PT, que querría controlar el proyecto con nuevos criterios, a su decir, más democráticos.
Como la reforma ni ha comenzado aún, el MST (Movimiento de los Sin Tierra) ha continuado con las invasiones y con mayor virulencia. Su principal líder, João Pedro Stedile, acaba de anunciar que el país "va a arder de invasiones" este mes de abril. Y como aperitivo, los Sin Tierra han realizado en la última semana más de veinte invasiones.
Lula, que por pobre, casi no pudo estudiar, había prometido acabar en cuatro años con la llaga de esos 20 millones de brasileños que aún no saben ni leer ni escribir. El ministro Cristovam Buarque, que también quería que ningún niño a los cuatro años quedase fuera de la escuela y convertir la enseñanza media en obligatoria, fue relevado de su cargo por exigir mayor presupuesto para educación. El proyecto de alfabetización quedó desinflado.
Una de las promesas de Lula que dieron la vuelta al mundo fue la de dar a los millones de favelados de las grandes metrópolis la propiedad de sus barracas para que de ese modo se conviertan en ciudadanos legales, con una dirección postal y la posibilidad de abrir una cuenta bancaria. Iba a servir también para desacelerar la violencia acumulada en esas comunidades, dominadas por el tráfico de drogas. El proyecto aún no ha echado a andar.
Lula, primer sindicalista en llegar a la presidencia, quería dar un revolcón a toda la política sindical y laboral, en un país donde la carga fiscal para los empresarios es ingente y da lugar a millones de empleos ilegales. El 50% de los trabajadores no tiene contrato alguno. Dicha reforma, ha dicho el Gobierno, no podrá ser presentada antes del año próximo. Hay muchos intereses creados.
Lula prometió reformar toda la seguridad, cambiar a la policía, la más corrupta del mundo y la que más mata, y declarar la guerra al narcotráfico. El responsable escogido por Lula para el proyecto fue cesado. El programa está empantanado y la inseguridad ha crecido.
Lula nombró ministra de Medio Ambiente a Marina Silva, que había nacido en la selva y es una de las políticas más empeñadas en el sector y más honrada. Pero ha estado a punto de dimitir varias veces y, al parecer, en 15 meses no ha tenido ni un encuentro a solas con Lula. Contra su voluntad se aprobaron los transgénicos.
Los indios han tomado conciencia de su identidad y la defienden con fuerza. Tanto los indigenistas más activos como la Iglesia, que ha estado siempre al lado de los indios, han acusado al Gobierno Lula de haberles abandonado a su suerte.
En este país hay más de cien obras importantes, comenzando por carreteras y puertos a medio hacer. Están paradas. No existe prácticamente el tren y los exportadores se quejan de que de nada les sirve producir millones de toneladas de soja o de trigo si después no saben cómo transportarlos para enviarlos al exterior. Era uno de los grandes proyectos de Lula, sobre todo la reactivación del ferrocarril, tanto de carga como de pasajeros. La burocracia y la falta de presupuesto no hacen arrancar el proyecto.
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