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REPORTAJE: El pasado de la antigua URSS como arma política

La guerra de la memoria

Los países surgidos del imperio soviético hacen interpretaciones cada vez más alejadas de su historia común

PILAR BONET - Moscú - 27/12/2007

 
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Con el desmoronamiento de la Unión Soviética en 1991 se desintegró también la memoria de sus pueblos. En los países surgidos del imperio las vivencias de la historia común se compone hoy de fragmentos, a veces en guerra entre sí, como evidenció el traslado del monumento al soldado soviético en Tallin (Estonia), en abril pasado.

Coincidiendo con el aniversario del Gran Terror (1937-38), EL PAÍS ha explorado las diferencias de Ucrania y Rusia sobre la historia compartida. En Ucrania, el presidente Víctor Yúshenko contempla la historia, concretamente la hambruna artificial provocada por el régimen estalinista (1932-1933), como eje de cristalización (en el sufrimiento colectivo y en el papel de víctima) del Estado actual. En la busca de sus héroes, Ucrania se arriesga a omitir turbias páginas biográficas de sus nacionalistas (colaboración con el nazismo, crímenes contra los judíos y responsabilidades en la sangrienta confrontación con los polacos).

En Rusia, los procesos son otros. Bajo la presidencia de Vladímir Putin, las autoridades no quieren sumergirse en siniestras memorias y prefieren instalar a Josef Stalin en una cómoda construcción que, si bien condena sus crímenes en general, lo ensalza también como modernizador del Estado. La lógica soviética atrapa a Moscú y le impide rehabilitar a ciertas categorías de víctimas, como el zar Nicolás II o la oficialidad blanca.

De estos problemas hablamos en Kiev con Igor Yujnovski, jefe del Instituto de la Memoria Nacional, dependiente del Consejo de Ministros de Ucrania, así con el historiador Yuri Shapoval, de la Academia de Ciencias de aquel país.

En Moscú, el interlocutor fue el historiador Arseni Roginski, presidente de Memorial, la entidad que vela por el recuerdo de los represaliados políticos.

El Instituto de la Memoria Nacional de Ucrania cumple una misión de Estado encomendada por Yúshenko. Memorial es una organización no gubernamental independiente y crítica con la política de Putin.


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