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ANÁLISIS: El futuro de los Balcanes

Un precedente contra la limpieza étnica

JOSÉ IGNACIO TORREBLANCA 15/02/2008

 
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Ante la inminente declaración de independencia de Kosovo, asistimos a una carrera para ver quién dice más alto y más claro que el caso kosovar no constituye un precedente. Pero Kosovo es un precedente, o al menos debería serlo, para todos aquellos Gobiernos (o grupos) que se planteen, desde el nacionalismo exacerbado, practicar la limpieza étnica, violar masivamente los derechos humanos, amparar crímenes de guerra o negarse a asumir responsabilidades por conflictos que hayan causado decenas de miles de muertos.

La responsabilidad última de la independencia es del nacionalismo serbio

En contraste con lo ocurrido en otros lugares del globo (piénsese en Darfur), EE UU y la Unión Europea estuvieron a la altura de las circunstancias en Kosovo. Que aquellos que sistemáticamente ignoran las más elementales normas de conducta democrática, desprecian la legalidad internacional o violan los derechos de las minorías se refugien ahora en argumentos de derecho internacional, no debería impresionarnos tanto. De la misma manera, que los kosovares no deseen formar parte de una Serbia donde los nacionalistas más radicales todavía disfrutan de un enorme apoyo popular o en la que el general Mladic todavía encuentra refugio no debe causar extrañeza. Por ello, aunque sea evidente que la creación de nuevos Estados no es la solución para los problemas de convivencia, y por cierto que sea que Kosovo difícilmente será viable sin una masiva ayuda internacional, la responsabilidad última de su independencia hay que buscarla en el nacionalismo serbio, no en las capitales europeas, ni tampoco en Washington.

Extrañamente, ante una posición impecable, que debería defenderse con firmeza, Gobierno (y oposición, por cierto, para que no se diga que no hay consenso en política exterior) ofrecen un discurso difícil de entender: por un lado, niegan vehementemente que Kosovo sea un precedente; pero por otro, en lugar de alinearse con los que sostienen que no lo es (Francia, Alemania, Reino Unido, etcétera) se sitúan al lado de aquellos (Grecia, Chipre, Malta y Eslovaquia) que sostienen que sí lo es, poniendo en cuestión más de una década de compromiso activo en los Balcanes. No es extraño que el presidente Putin aproveche esta contradicción para incordiar a España en sus ruedas de prensa: "Cuando el río suena, agua lleva", deben pensar en Moscú.

Una vez más, Moscú, además de disfrutar con las divisiones de los europeos, refuerza su posición, mientras que la UE, en vez de defender con firmeza su política, se enreda en sus propios matices. Para España, como para la propia UE, el problema no es la declaración de independencia de Kosovo, que tiene capacidad de sobra para manejar, sino su incapacidad de actuar coordinadamente, que sí que será vista como un precedente por Rusia, China o Sudán.

José Ignacio Torreblanca es director de la oficina en Madrid del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. www.ecfr.eu.

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