ELPAIS.es 07/04/2005
Karol Wojtyla se planteó la posibilidad de renunciar al Papado después del Jubileo de 2000, al cumplir los 80 años, la edad de jubilación de los cardenales. Sin embargo, aunque su salud estaba ya muy deteriorada por el parkinson, decide continuar al frente de la Iglesia hasta que Dios quisiera.
En 1982 elucubró sobre la idea de ser enterrado en su Polonia natal; sin embargo, tres años después decidió dejar la decisión en manos del Colegio Cardenalicio. En el texto dispone, eso sí, ser sepultado en tierra "y no en un sarcófago".
Pide perdón a todos y que recen por él. Además, agradece a todos los países y a otras religiones su apoyo durante el tiempo de su mandato. Tiene palabras de agradecimiento para su secretario particular, Estanislao Dziwisz, para el que fuera rabino jefe de Roma, Elio Toaf, y recuerda a sus padres y hermanos.
No deja nada material y pide que se quemen todos sus apuntes privados.
Siempre estuvo preparado para la muerte, según escribió todas las veces que retocó el testamento.
Juan Pablo II achaca a la "divina providencia" dos acontecimientos fundamentales en su vida: por un lado, el fin de la Guerra Fría sin el "violento conflicto nuclear", aunque reconoce que "la caída del comunismo trajo consigo otros problemas"; por otro lado, haber sobrevivido al atentado de Alí Agca. "El Señor me ha prolongado la vida, en un cierto sentido me la ha dado de nuevo", señala.
Se muestra agradecido al Espíritu Santo por "el gran don del Concilio Vaticano II", del que se siente "deudor".
El texto comienza con el lema de su Pontificado Totus Tuus ego sum (Soy todo tuyo) y se cierra con la frase en latín: "En tus manos encomiendo mi espíritu".
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