F.P. - Madrid - 23/05/2007
Sam Peterson era un ciudadano de esos de los que, en las películas de su país, se dice que "pagan sus impuestos". Pero a punto ha estado de cumplir condena en prisión (hasta cinco años) por conectarse a diario a Internet, y desde la calle, mediante una red WiFi de una cafetería de la localidad de Sparta. Y para colmo, la red inalámbrica de ese establecimiento estaba completamente abierta. Su conducta llamó la atención del eficiente jefe de policía de la ciudad que, tras interrogar a Peterson, se puso a revisar el código penal del Estado.
Y allí se topó con un artículo que castiga como delito el acceso a redes informáticas, con una pena de hasta cinco años de prisión. Poco importó que el propio jefe de policía reconociese que Peterson no sabía que estaba quebrantando la ley, y que los dueños de la cafetería asegurasen que la conducta de Peterson les era indiferente. Los fiscales se lo estuvieron pensado y decidieron acusarle por cometer el delito. Aunque eso sí, con benevolencia: 400 dólares de multa y 40 horas de trabajo comunitario.
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