Jueves, 26/11/2009

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REPORTAJE: PEKÍN 2008 - La final más espectacular

"España es un equipo increíble"

Bryant y James resaltan que su rival demostró por qué es campeón del mundo

J. J. MATEO - Pekín - 25/08/2008

 
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Dwyane Wade se puso a gritar desaforadamente y Kobe Bryant se lanzó a la carrera flexionando sus prodigiosos bíceps. Una seca frase, la misma que han pronunciado tantos generales y presidentes estadounidenses, detuvo su marcha. "¡Kobe! ¡Misión cumplida!", le gritaron a las puertas del vestuario igual que si estuviera sobre un portaaviones. "¡Señor; sí, señor!", contestó la estrella. Y sólo le faltó cuadrarse. Estados Unidos ganó ayer el oro olímpico ante España, pero para lograrlo sufrió como en una guerra.

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"Sabíamos que España sería un gran problema", dijo Bryant, sonriente, expansivo e incontrolable envuelto en la bandera estadounidense. "Demostraron por qué son los campeones del mundo", cerró tras dedicarse a dar alaridos sobre el podio junto a sus compañeros, un grupo de estrellas al servicio de un mismo objetivo. "Sólo una cosa: respeto", pidió LeBron James, la otra gran figura de la selección estadounidense. "Respeto por un equipo increíble como el de España. Sin determinación, no les habríamos ganado. En este partido contaron todas las posesiones, todos los tiros, todos los rebotes y todas las defensas. La intensidad del encuentro fue increíble", continuó James, perfecta dentadura blanca entre aún más perfecta perilla; "cada vez que pensamos que nos íbamos en el marcador, se volvían a acercar. Ha sido una locura. Esta noche pasará a la historia como la de uno de los grandes partidos de los Juegos Olímpicos".

Cuando el segundo cuarto moría y David Beckham saludaba desde su asiento, los jugadores estadounidenses escucharon alaridos como no habían oído en todo el torneo. "¡Defensa! ¡Defensa!", gritaba el público. El banquillo hizo de altavoz de la grada. "¡Las manos y los brazos arriba!", les exigían los técnicos. España obligó a un esfuerzo extraordinario al equipo estadounidense, presionado con algunos abucheos y celebrado constantemente por el público. La grada quería partido. Los estadounidenses, revancha. "En Atenas 2004", dijo Carmelo Anthony, "llegamos a nuestro punto más bajo. Desde entonces quisimos devolver a Estados Unidos al lugar que se merece. Estoy feliz de dejarlo en la cima del mundo".

Estados Unidos encontró inspiración en otro partido. El sábado, la selección femenina de su país arrolló a la de Australia y conquistó el oro. El triunfo fue interpretado como una señal de signo competitivo: las chicas llevan cuatro oros olímpicos seguidos. Su partido, sin embargo, nada tuvo que ver con el de ellas. España no fue Australia. Ni Estados Unidos se pareció a Estados Unidos. Que le pregunten a Coach K, su técnico.

"Hemos jugado con carácter. Sin él, no habríamos ganado jamás a un equipo fabuloso como el de España", dijo Marc Krzyzewski; "España sacó lo mejor de nosotros. Todo el mundo jugó a su mejor nivel. Hubo momentos en los que pareció que no podíamos pararles. Estamos extasiados por haber ganado el oro en uno de los mejores partidos de la historia internacional de nuestro deporte".


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