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Unas 3.500 personas marchan en recuerdo del menor asesinado

Miles de vecinos de Vallecas piden la ilegalización de Democracia Nacional

D. BORASTEROS - Madrid - 17/11/2007

 
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Unas 3.500 personas, 10.000 según la muy optimista percepción de los organizadores, descendió desde el metro de Buenos Aires por el corazón de Vallecas, la avenida de la Albufera, hasta la junta municipal de distrito, arropados por una pancarta que prologaba la marcha: "Por la convivencia, contra el racismo y contra la violencia". Un largo lema traducible a una frase escueta: en recuerdo de Carlos Javier P., el joven de 16 años asesinado el pasado día 11 de noviembre. "¡Carlos, hermano, nosotros no te olvidamos!" fue el grito más repetido durante el recorrido.

Una vez finalizada la marcha, Enrique Castro, el cura de la parroquia de San Carlos Borromeo, leyó un manifiesto en la plaza vieja subido encima de un banco en el que mostró su solidaridad con los familiares del fallecido y reclamó "un duro castigo para las agresiones fascistas". También pidió la "ilegalización de los partidos violentos, xenófobos y racistas", al tiempo que hizo un llamamiento a "la convivencia en los barrios obreros".

A los lados del paseo, unos muchachos con brazaletes naranjas vigilaban que no se produjese ningún incidente. Además, una pareja de policías escoltaba a los manifestantes. No sucedió nada, incluso algunos de los participantes se lamentaban de "la falta de ruido" que hacía la concentración. De vez en cuando, la megafonía instalada en un viejo Renault amarillo invitaba a ilegalizar el partido de extrema derecha Democracia Nacional. Pero los coros no duraban demasiado, excepto algunos más espontáneos, como "¡No pasarán!" o "Lo llaman democracia y no lo es".

Una parte muy apreciable de los convocados eran chicos jóvenes de estética "antifascista". Esto es, red skins con cazadoras militares y forro de cuadritos escoceses, y algunos punkis con su preceptiva cresta. Sus eslóganes fueron algo más agresivos: "¡Ninguna agresión sin respuesta!", por ejemplo, y murmullos de desaprobación porque, en su opinión, la marcha parecía "una concentración cristiana". Junto a ellos, vecinos de todas las edades y algunos políticos, como la portavoz de IU en la Asamblea, Inés Sabanés.


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