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REPORTAJE

Dormir, dos horas

Una noche con los 200 estudiantes de la Complutense que llevan cinco días encerrados para forzar un debate con el rector sobre la reforma universitaria

ÍÑIGO GARCÍA - Madrid - 18/04/2008

 
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Hoy es el gran día. Después de cinco de encierro en el vestíbulo de la Facultad de Filosofía de la Complutense, los estudiantes conseguirán, por fin, un debate público con el rector Carlos Berzosa sobre el Proceso de Bolonia, el nuevo sistema de educación que, a partir del año próximo, pondrá patas arriba la Universidad española.

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Una ley no escrita dice que ni se bebe alcohol ni se fuman porros

Son las doce de la noche del miércoles. Hay caras de cansancio y sueño entre los 200 alumnos encerrados aquí desde el lunes. La mayoría de ellos ha dormido una media de dos horas en los tres últimos días, pero continúan con su actividad frenética. "Esto es una huelga a la japonesa. Si nuestro trabajo es estudiar, nos hemos encerrado para estudiar a fondo y en nuestro tiempo libre la reforma universitaria que se nos viene encima, que nadie nos ha consultado, ni de la que nadie nos ha proporcionado información", señala Alberto, uno de los encargados de la comunicación con los medios.

La reforma de la que hablan es la derivada del Proceso de Bolonia, una iniciativa de la Unión Europea que data de 1999 y que pretende crear a partir del año próximo el Espacio Europeo de Educación Superior, un nuevo sistema universitario creado a partir del modelo anglosajón con el que se busca homogeneizar los estudios superiores de toda Europa y crear "una economía del conocimiento competitiva y dinámica".

Bolonia, que pone el acento en las perspectivas laborales de los estudios, supondrá "una mercantilización de la educación y la supeditación del conocimiento al rendimiento económico", según un manifiesto impreso por los estudiantes. Algo que, en principio, no aceptan. Sin embargo, quien quiera ver radicalismo o sectarismo de izquierda entre los alumnos encerrados no lo encontrará. Se cuidan mucho de insistir en el hecho de que ninguna asociación, partido o sindicato de estudiantes acapara el movimiento, que están allí por iniciativa propia. "Suponemos que también habrá aspectos positivos en la reforma, pero nadie nos lo ha explicado. Lo único que queremos es abrir el debate", comenta Javier, estudiante de Psicología.

Una de la madrugada. Los estudiantes están organizados en tres comisiones: la que llaman de extensión prepara pancartas para colgar por el campus y dar a conocer sus ideas. Ultiman además una nota de prensa que, reconocen, les ha costado cuatro horas confeccionar. "La hemos enmendado ya cinco veces y todavía no estamos de acuerdo", dice Alberto, cansado pero con la sorna intacta.

Mientras, la comisión de organización barre suelos, coloca papeleras, proporciona bocadillos y agua. Dos detalles: primero, entre los currelas de organización hay muchos chicos; segundo, una ley no escrita dice que ni se bebe alcohol ni se fuman porros. Esto no es ni un botellón ni una acampada festivalera.

La tercera comisión es la de contenidos. Son los que se encargan "de generar discurso". Ese discurso alerta de una "equiparación a la baja de los estudios, con una serie de conocimientos genéricos de carácter más profesional que académico", explica Vanessa, estudiante de Historia del Arte.

Son las tres. Cerca de 50 estudiantes llevan cinco horas encerrados en un aula preparando el debate de hoy con el rector Berzosa. Quieren forzarle a que organice un referéndum en la Complutense sobre la conveniencia o no de adoptar el plan de Bolonia, que a estas alturas se conocen al dedillo. Dani, Ana y Alfredo, de Psicología, Historia y Filosofía, son los tres estudiantes que intervendrán en el debate y los que llevan la voz cantante en la asamblea.

A las 4.30 la cabeza no da para más. La asamblea se disuelve emplazando a todo el mundo a trabajar de nuevo por la mañana. A las cinco, la mayoría duerme en silencio en el vestíbulo. "Se están portando muy bien. Ya ves, son unos angelitos", comenta riendo el guardia de seguridad.


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