"En España, pasarlo bien es lo mismo que hacer ruido"
"En España, la alegría, el pasarlo bien, parece que tiene que ir asociado al ruido". Se refiere al sonido incesante de los tambores, las risas y los gritos extraviados de una noche cualquiera de juerga que, más de una vez, le han obligado a taponarse los oídos con artefactos de cera. Su casa está en un lugar privilegiado de Madrid. Pero cuesta disfrutarla. Todavía no se resigna. "Vivir en el centro", dice, "no tiene que costar ningún peaje".
Alberto Torrego, profesor de francés de 58 años, vive desde hace siete años en la calle de San Mateo esquina a San Lorenzo. La zona es bastante tranquila, pero está rodeada por la plaza de Barceló, la calle de Fuencarral y varios bares de noche "que cierran a las tantas". "Hay fiestas señaladas contra las que no se puede luchar, pero no puede ser que se alargue todo el año", critica mientras señala desde su balcón los rincones donde se juntan por las noches decenas de jóvenes a liquidar las últimas impresiones etílicas.
Cuando comienza la tormenta, existe un modus operandi para afrontarla. "Primero es el enfado. Enorme. No puedes más. Estás en la cama o trabajando y empiezas a desquiciarte", relata Alberto. Luego viene la llamada de socorro: "La policía no hace caso. Tarda en venir o no viene. Luego llamas otra vez en una especie de bucle inútil".Cuando fracasa, sólo queda el aislamiento. "De momento, tapones; no hemos llegado a las pastillas". "Esto debe de ser difícil de resolver. El alcalde (Alberto Ruiz-Gallardón) es vecino de este barrio. Yo imagino que él lo padecerá igual que yo. Supongo que no sabe cómo solucionarlo", dice con una pizca de ironía.
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