F. J. B. - Madrid - 13/05/2003
Su disfraz era el de un esqueleto: la muerte. Asustaba con una escoba a los usuarios de una atracción de feria, el tren de la bruja, instalado junto a la Ermita del Santo por las fiestas de San Isidro que se celebran estos días en la capital. La muerte en ese tren se llamaba Javier Pereira López, y tenía 31 años. Resbaló y cayó a las vías. Los vagones le pasaron por encima. Su uniforme de trabajo se convirtió trágicamente en su mortaja. Ocurrió a las 19.40, cuando el empleado trató de asirse a un poste y resbaló. El vagón le amputó parte de la mano derecha y le golpeó mortalmente en la cabeza.
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- 13-05-2003
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