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EDITORIAL

Argumentos del debate

Hubo firmes tomas de posición, pero pocas razones para explicarlas a los no convencidos

27/02/2008

 
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Socialistas y populares tienen visiones diferentes sobre política antiterrorista, reformas autonómicas o inmigración, entre otros muchos temas; pero para saber si también tienen respuestas diferentes para esos problemas habrá que esperar al debate del próximo lunes. El de hace dos días quiso ser más bien de balance de la legislatura, lo que es lógico; pero reveló una cierta tendencia a sustituir los argumentos por los enunciados: hay tomas de posición, pero no siempre razones para justificarlas.

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Rajoy marcó desde su inicio el tono que quería dar a la discusión: reprochó al presidente haberse ocupado de cosas que no interesan a la gente, como la negociación con ETA, y no de lo que interesa, como el precio de la leche; cuando coincide que la principal censura del Gobierno a la oposición es precisamente haberse desentendido de todo lo que no sea esa cuestión, deliberadamente elegida como terreno preferente de enfrentamiento con el Gobierno. La única conclusión que los ciudadanos pudieron sacar del intercambio de reproches fue que el asunto terrorista debe abordarse, con o sin final dialogado, desde el entendimiento entre los dos grandes partidos. Pero cada uno de ellos acusa al otro de haberlo roto o impedido, por lo que el debate fue más ruidoso que esclarecedor.

Rajoy repitió algunas de las frases ofensivas para Zapatero (como la de la "agresión" a las víctimas) que más entusiasmo suscitan en los mítines del PP, ignorando que su público era más diferenciado en esta ocasión. Tal vez fue un indicio de que su intención no era convencer sino alimentar la fe de los que ya lo estaban. Zapatero, por su parte, prefirió recordar actuaciones anteriores del PP en la materia a defender su propia política antiterrorista. Todo el mundo habría entendido, por ejemplo, una explicación de por qué ha aplicado diferente dosis de dureza a ETA y su entorno con tregua que sin ella.

Para Rajoy, muchos problemas de esta legislatura tienen su origen en el deliberado intento de su rival de marginar al PP para favorecer su pacto con aliados nacionalistas. Por ejemplo, el nuevo Estatuto catalán, sobre el que los socialistas no aceptaron ninguna enmienda popular a su paso por las Cortes. Fue el punto en que Rajoy resultó más convincente, beneficiándose de que Zapatero olvidara mencionar el mayor ridículo del PP durante la legislatura: la iniciativa de recogida de firmas para promover un referéndum (que habría sido ilegal) sobre ese Estatuto en toda España.

En materia de inmigración los discursos también se cruzaron sin tocarse. Rajoy invocó las cifras de los permisos de trabajo concedidos durante la legislatura, en aparente contradicción con su propio argumento: la multiplicación de los permisos traduce un incremento del empleo de trabajadores extranjeros en condiciones de legalidad, algo que no puede exhibirse como un peligro sino como un éxito de la política de inmigración.

Pero su discurso ideológico iba por otro lado: el de considerar que los derechos reconocidos a los extranjeros que residen y trabajan legalmente suponen una merma de los derechos de los españoles. En otros países europeos es el argumento que acompaña al auge de movimientos xenófobos. Especialmente si además se vincula inmigración y delincuencia, como pareció hacer Rajoy al referirse a los porcentajes de población reclusa extranjera: algo que obedece a causas sociales, no de origen, según estudios solventes. Zapatero defendió sus regularizaciones como más rigurosas que las del PP, para las que, dijo, bastaba presentar un bonobús; pero no estuvo ágil en las réplicas, hasta el punto de parecer que rehusaba el debate de fondo sobre la peligrosa deriva del PP en este terreno.

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Comentarios - 22

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  • 22

    Airam Martinez - 28-02-2008 - 00:32:18h

    El señor Zapatero deberia llevar el lunes una bateria de propuestas,muchas de ellas sociales,con las cuales si movilizaria el electorado de izquierdas,explicar que piensa hacer en caso de que la crisis economica llegue,y no entrar en el juego de nombrar el pasado,q vaya a lo suyo, a proponer otros 4 años de progreso,asi si ganara el debate,xq ya adelanto q Rajoy volvera q embestir con ETA y la inmigracion e instaurando el tan recurrente argumento del miedo q ha utilizado simpre la derecha

  • 21

    Francisca Leiza Lemaur ( http://no tengo ) - 27-02-2008 - 23:53:33h

    la serenidad del presidente le hace acreedor de la confianza de la gente que razona.Pero es muy dificil mantener un debate con un personaje siniestro que ofende con palabras y no sabe mantener un dialogo constructivo.

  • 20

    kroker - 27-02-2008 - 23:35:01h

    La derecha no tiene programa, o mejor, su único programa consiste en conquistar el poder. Rajoy, por no vender, ni siquiera vendió humo. Este señor, nunca fué ministro de nada, simplemente en las legislaturas del PP, pasaba por allí y colaboró desinteresadamente. Bueno, nos quiso contar el cuento de caperucita y el lobo ZP, lamentable.

  • 19

    Un ciudadano de a pie - 27-02-2008 - 23:33:38h

    Hasta cuando soportaremos el clima de crispación, los insultos permanentes y la intolerancia generados por el partido del Sr. Rajoy, la Conferencia Episcopal y sus medios comunicación. No tiene nada que decir la Fiscalía del Estado ante toda esta campaña de acusaciones gravísimas sin prueba alguna. España necesita urgentemente una laternativa de centro derecha homologable a los partidos conservadores de la Unión europea.

  • 18

    David - 27-02-2008 - 23:31:45h

    Creo que el debate no aportó nada a quien conozca mínimamente las posiciones de Zapatero y Rajoy, se limitaron a repetir lo que han dicho hasta la saciedad en la legislatura que termina. El punto fuerte de Zapatero han sido sus políticas sociales, pero Rajoy acertó de lleno cuando señaló que el origen de la crispación está en la estrategia del PSOE de aislar al PP, aun a costa de alinearse con partidos nacionalistas antiespañoles. Y la recogida de firmas sobre el estatuto catalán no fue en absoluto ridícula, sino una oportunidad para que los ciudadanos pudieramos opinar sobre un texto que no respondía más que a las insaciables ambiciones de esos nacionalistas y cuya constitucionalidad aún está por ver.

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