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Confianza en la democracia

Mariano Aguirre - Madrid - 19/01/2006

 
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A Mario Vargas Llosa (Raza, botas y nacionalismo, EL PAÍS, 15-1-2006) no le gusta el presidente electo de Bolivia. No le agrada su atuendo ni como habla ("erres rotundas"). Piensa que el jersey y la chaqueta de cuero han generado "entusiasmo orgásmico" y que impondrán una moda entre "la izquierda boba". En realidad, quienes han hecho menciones tontas, frívolas y despectivas sobre el jersey de Evo Morales han sido prestigiosos comentaristas. La "izquierda boba" ha estado bastante silenciosa.

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Considera, además, que Morales no es indio "aunque naciera en una familia indígena muy pobre". Le parece que nos engaña porque habla "su buen castellano" y tiene una "astuta modestia". Resumiendo, dice don Mario: "Don Evo es el emblemático criollo latinoamericano, vivo como una ardilla, trepador y latero, y con una vasta experiencia de manipulador de hombres y mujeres, adquirida en su larga trayectoria de dirigente cocalero y miembro de la aristocracia sindical". Estos son insultos y tópicos sobre lo poco fiables que son los indígenas, aunque critique el racismo y los prejuicios.

¿Le hubiese gustado más a Vargas Llosa que Morales viniese a Europa con poncho? ¿O prefiere para la ocasión traje gris y corbata? ¿Nos asegura la ropa "seria" un político ético? ¿Hubiese preferido que hablase aymara y castellano con dificultad? ¿Le parece mal que trate de pactar con los gobiernos europeos? ¿Quiere que los presidentes sean sólo licenciados o prolíficos novelistas? ¿Todos los líderes sindicales son "aristocráticos"?

Las identidades y el nacionalismo están en peligroso ascenso. Un verdadero problema. Pero "las botas" no tienen nada que ver con Morales, elegido democráticamente. El 54% de los electores bolivianos ha votado por un líder populista que podría combinar reivindicaciones de siglos con una reforma democrática que los presidentes de traje y los militares no han hecho en Bolivia. Quizá falle; quizá sea peor que una ardilla y llegue a hiena depredadora.

El populismo es una ideología complicada pero vigente. Mientras las élites latinoamericanas se expresen con insultos racistas como Vargas, habrá más populismo, mayor radicalización, más militares mesiánicos, mayores apelaciones instrumentales a la raza, a las botas y al nacionalismo, y menos confianza en la democracia.


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