Miércoles, 11/11/2009

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EDITORIAL

Contratos de fábula

Los acuerdos de Sarkozy en China responden al pragmatismo diplomático del Gobierno francés

27/11/2007

 
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Nicolas Sarkozy sigue añadiendo muescas en su currículo de brillante negociador. De su visita a China volverá con contratos económicos que los más impresionables pueden calificar como dignos de las mil y una noches: nada menos que dos reactores nucleares de tecnología francesa que la empresa pública Areva venderá al grupo eléctrico chino CGNPC por casi 8.000 millones de euros y un compromiso de venta de 160 aparatos Airbus -A320 y A330- con un coste de casi 11.500 millones de euros.

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Las consecuencias económicas de ambos contratos van mucho más allá de los 20.000 millones de euros conseguidos. Para Airbus, significa reforzar sus posibilidades de igualar a medio plazo la cuota de mercado de Boeing en China, que hoy es del 50%, frente al 35% que ocupa el constructor europeo. El contrato chino no garantiza el éxito de Airbus, pero sin él las posibilidades de competir con Boeing serían mínimas. El bocado comercial es apetitoso porque se calcula que China necesitará más de 3.000 aparatos comerciales en los próximos 20 años.

En el caso de los dos reactores nucleares vendidos, el primer efecto es simbólico, puesto que China había confiado hasta el momento en la tecnología de Westinghouse para construir sus grupos nucleares. Puesto que la rentabilidad económica de la producción eléctrica nuclear se multiplica con la construcción de nuevos reactores de la misma tecnología, es muy lógico que las autoridades chinas completen sus planes -que incluyen construir más de doce grupos nucleares en las próximas dos décadas- con más reactores franceses. Para la tecnología francesa es un triunfo, para Areva un negocio y un alivio para quienes temían que la demanda energética china se cubriría con plantas de carbón, contaminantes en exceso. La suerte nuclear china queda además ligada a Francia por el contrato anejo de suministro del combustible para el funcionamiento de ambos reactores.

No hay misterio detrás de tan fabulosos contratos. Sarkozy se ha implicado intensamente en las negociaciones, los objetivos económicos estaban claros y la diplomacia francesa ha reaccionado siempre con discreto pragmatismo a las exigencias de las autoridades chinas. Es más de lo que pueden decir otros Gobiernos europeos.

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