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EDITORIAL

Desgobierno mundial

La debilidad del G-8 impide que se adopten soluciones contra las crisis económicas

08/07/2008

 
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Es muy baja la probabilidad de que el G-8, el grupo de los países más ricos del mundo, adopte alguna decisión razonable y contundente para resolver alguna de las crisis mayores que afligen a la economía mundial, como el precio del petróleo o el escandaloso aumento del precio de los cereales y de los alimentos. Y no sólo por evidente debilidad política de algunos de los presidentes reunidos en Japón, con mención especial para el pato cojo George W. Bush. La incapacidad del G-8 surge, sobre todo, de la ausencia entre sus participantes de China, India o Brasil. La demanda de energía y de alimentos de los países citados es una de las causas del brutal encarecimiento del precio de las materias primas, energéticas y no energéticas. Si un país como China tiene unas reservas de 1,4 billones de dólares, no puede faltar en la toma de decisiones sobre la crisis financiera. Por no mencionar a los también ausentes países con fondos soberanos.

La gobernación de la economía mundial está gravemente fragmentada y el resultado es una gran confusión. Las instituciones mundiales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización Mundial de Comercio (OMC) o el Banco Mundial son las verdaderamente responsables de los mercados financieros globales, de la financiación de la economía mundial y de la libertad de comercio. Reuniones como la de Japón parecen inoperantes, por la ausencia de los países que verdaderamente influyen sobre el precio y la producción de las materias primas y porque reúnen políticas nacionales descoordinadas.

Si se quiere aclarar esta extrema confusión, es necesario reformar las reuniones de estas llamadas formaciones G y potenciar la línea de gobierno económico mundial a través de las instituciones económicas y financieras internacionales. Un acuerdo final en la ronda Doha beneficiaría más a los países africanos que los miles de millones de dólares de ayuda adicional que la reunión de Japón no aprobará. Pero tales soluciones, como la liberalización del comercio agrícola y de manufacturas, chocan con los compromisos nacionales que se manejan en el G-8. No es admisible que se defiendan hoy mezquinas políticas de apoyo a los lobbies agrícolas europeos, tercos partidarios de la renacionalización de la agricultura, o de la producción autárquica de petróleo sin la mínima integración en el mercado mundial.

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Comentarios - 8

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  • 8

    Peterbox - 08-07-2008 - 21:22:36h

    Hace treinta años que dos franceses, Pierre Accoce y Pierre Rentchnick, publicaron %u201CCes malades que nous gouvernent%u201D, -Esos enfermos que nos gobiernan-, un libro en el que probaron que las enfermedades de los políticos influyen gravemente en sus acciones, aquí seria: Esos mediocres que nos gobiernan.

  • 7

    Segismundo - 08-07-2008 - 20:18:35h

    ¿Podrá alguna vez Ariel Peña y otros por allí dejar el fundamentalismo marxista y empezar a pensar sin culpar a los "ricos" de los problemas? ¿Hasta cuándo seguirá la Izquierda hispanohablante fiel a las supersticiones atávicas del siglo XX? ¿Qué haría el mundo sin los empresarios, las empresas, el ahorro de millones en los bancos? ¿Cree Ariel que los ordenadores y la internet las invitaron una ONG o burócratas de una República Popular?

  • 6

    Rosa - 08-07-2008 - 20:03:33h

    Suscribo el comentario nº4

  • 5

    ariel peña - 08-07-2008 - 19:28:15h

    En estas cumbres se demuestra el fracaso de la política en toda la historia, cuando todavía no se ha podido satisfacer las necesidades básicas de la gran mayoría de la población mundial, demostrando que se ha privilegiado el consumismo y el mercantilismo responsables del calentamiento global que puede llevar al planeta a la catástrofe, por lo tanto frente a las ambiciones y la mezquindades políticas necesariamente se debe recurrir al humanismo para buscar el equilibrio que necesitan todos los seres vivos, de lo contrario el dilema para la tierra sera entre la vida y la muerte.

  • 4

    Jonderboy - 08-07-2008 - 19:07:37h

    Una editorial curiosa esta. Por fin leo algo que se aleja un poco de la clásica posición buenista de que los ricos tienen la culpa de todo. Me ha gustado el comentario de que son los instituciones supranacionales las que mandan, no es tanto así, pero desde luego es un soplo de aire nuevo en la berborrea de siempre. Sólo lamento que no se insista en la presión sobre los gobernantes de África. Menos ayuda y más presión para terminar con la corrupción y la opresión, que África tiene recursos de sobra para salir de cualquier bache

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