Miércoles, 10/2/2010, 14:53 h

ELPAIS.COMOpinión

EDITORIAL

Dictado papal

15/03/2007

 
Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 2 votos

A un mes de cumplirse el segundo aniversario de su pontificado, Benedicto XVI ha hecho público un controvertido documento, Sacramentum Caritatis (El sacramento de la caridad), síntesis de las labores del último sínodo de obispos de 2005, pero que lleva ante todo un claro marchamo de la línea ortodoxa de Ratzinger. El Papa alemán llama a los príncipes de la Iglesia católica a la lucha ideológica y a recuperar el protagonismo perdido. La exhortación coincide con la dura sanción que se apresta a comunicar la Congregación para la Doctrina de la Fe al jesuita salvadoreño, de origen español, Jon Sobrino, uno de los promotores de la teología de la liberación, a quien se prohibirá impartir enseñanza en cualquier centro católico y se impondrá la retirada del nihil obstat, el visto bueno eclesial, a todas sus obras debido a su visión humanista de Cristo. La sincronía puede ser accidental, pero ambas circunstancias muestran bien por dónde respira hoy la jefatura vaticana.

Sostiene Ratzinger que la fuerza del catolicismo no radica en el diálogo ni en la tolerancia, sino en la convicción, y que por tanto resultan "innegociables" cuestiones como la defensa de la vida humana, la familia, la indisolubilidad del matrimonio, el celibato sacerdotal, así como el repudio del aborto, el divorcio y las uniones entre homosexuales. Ítem más, no caben medias tintas para el Papa: los políticos católicos están obligados a oponerse a las leyes que no se ajusten a esta doctrina religiosa. Ya se ha visto cómo esta idea ha tenido influencia, antes de su plasmación en el documento, en la actitud de políticos conservadores durante los últimos años en España.

Cabe preguntarse si estos rígidos fundamentos sintonizan con la realidad del mundo actual y si el cumplimiento de ellos permitirá sacar al catolicismo de la crisis que arrastra. Es un hecho que, desde la óptica vaticana, la separación entre la conciencia privada y los asuntos públicos, propugnada por el Concilio Vaticano II, no ha dado los frutos previstos. Es lógico, por consiguiente, que la máxima autoridad católica busque certezas antes que dudas a fin de acrecentar su grey, pero es muy discutible que con intolerancias y prohibiciones recupere simpatías. Bueno sería que la curia romana exhibiera menos oropeles; practicara, efectivamente, la caridad, y defendiera con más ahínco a la otra Iglesia, es decir, a sus representantes que denuncian sobre el terreno las injusticias sociales o que explican la idea de un Cristo por encima de todo humano, como defiende el silenciado teólogo Sobrino.

Vota
Resultado Sin interésPoco interesanteDe interésMuy interesanteImprescindible 2 votos

¿Qué es esto?Compartir:

Facebook  delicious  technorati  yahoo meneame myspace

Puedes utilizar el teclado:

aumentar texto disminuir texto Texto   

Si te ha interesado esta información, te recomendamos:

Otras ediciones

Comentarios - 0

Normas de uso
Esta es la opinión de los internautas, no de ELPAIS.com
No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
Comentario
Datos personales

Última hora

 
Últimas Noticias
Hora Noticia
14:35 Un preso se escapa de los juzgados de Sevilla
14:35 El Obradoiro quiere un partido de 27 segundos ante Caja Laboral
14:23 Garzón convoca a juristas internacionales para que declaren a su favor
14:13 Krugman cree que "el corazón de la crisis es España" pero exculpa al Gobierno
14:06 Jeffren, azulgrana hasta 2012
 
 
 
 
 
asociados otros medios

© EDICIONES EL PAÍS, S.L. - Miguel Yuste 40 - 28037 Madrid (España)

Canal de la Sociedad de la Información