Miércoles, 10/2/2010

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EDITORIAL

Encíclica contundente

El Papa cree que sólo una autoridad mundial puede afrontar los desafíos de nuestro tiempo

12/07/2009

 
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El Vaticano dio a conocer la tercera encíclica de Benedicto XVI, Caritas in veritate, la víspera de la cumbre del G-8 en L'Aquila y dos días antes de su encuentro con el presidente Obama. El momento elegido no fue indiferente: el documento recoge la posición papal sobre la crisis económica y sus efectos sobre los más desfavorecidos. En lo fundamental, Benedicto XVI reafirma y pone al día los principios de doctrina social establecidos en el Concilio Vaticano II, donde el joven Ratzinger participó en la elaboración de las bases teológicas que guiaron aquel sínodo decisivo.

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El lenguaje con el que Benedicto XVI se refiere a los problemas económicos y a sus posibles remedios es de una claridad y una contundencia infrecuentes para los usos del Vaticano. El Papa no sólo hace mención de los valores éticos que deben guiar la gestión política y económica, sino que se pronuncia a favor de un papel activo del Estado. Los objetivos, e incluso los instrumentos, aparecen enunciados con idéntica precisión: para conseguir el desarme, la seguridad alimentaria, la salvaguardia del medio ambiente o la regulación de los flujos migratorios, establece la encíclica, es necesaria una autoridad política mundial que se atenga a los principios de solidaridad y subsidiariedad. Y también las críticas a las instituciones están expresadas sin rodeos: a los sindicatos de los países ricos les reprocha su falta de atención a las consecuencias de sus decisiones sobre el Tercer Mundo, y a los organismos internacionales consagrados al desarrollo el hecho de que "los pobres sirvan para mantener viva la vida dispendiosa de los aparatos burocráticos".

El énfasis papal en subrayar los elementos de continuidad con el Vaticano II ha llevado a ver esta encíclica como un inesperado giro a la izquierda de la Iglesia, interpretación desmentida por sus portavoces. Para el Papa, la doctrina social sólo tiene sentido si se desarrolla en el seno de la verdad única. Con Caritas in veritate, Ratzinger ha querido, sin duda, afirmar el compromiso de la Iglesia con quienes más están padeciendo los efectos de la crisis; pero pretende sobre todo distinguir este compromiso del que mantienen fuerzas políticas o sociales que proponen soluciones parecidas a las suyas, sólo que al margen de cualquier preocupación trascendente. La encíclica no es el documento de un reformador social, sino de un teólogo que busca en la actual crisis económica un terreno para reafirmar su fe.

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