07/11/2007
El peor atentado suicida desde la invasión de Afganistán por Estados Unidos y sus aliados, en 2001, se produjo ayer contra una delegación de parlamentarios que visitaban una fábrica reconstruida en Baghlan, en la supuestamente tranquila región norte. Puede haber más de medio centenar de muertos y decenas de heridos entre políticos, civiles y escolares de un colegio cercano. Cinco de los diputados afganos han fallecido. La masacre pone de relieve la contradicción en la que está inmerso Afganistán: no habrá paz sin reconstrucción, y ésta es muy difícil mientras dure la guerra. El retorno de los talibanes y de Al Qaeda no cae del cielo, sino que cuenta con el apoyo de una parte de la población que se siente desprotegida por las tropas internacionales.
El resurgir de los talibanes, que no forman una unidad compacta y que rechazaron la autoría del atentado de ayer, y el reforzamiento de Al Qaeda, que parece haber desplazado parte de su esfuerzo y sus tácticas suicidas de Irak a Afganistán, han agravado la situación. Pese a su larga historia de guerras, el terrorismo suicida de los fanáticos islamistas había estado ausente de Afganistán hasta hace poco. La contaminación proveniente de Irak es patente. Su objetivo es crear esa sensación de inseguridad y tornar su lucha contra la OTAN y el inútil e impopular Gobierno de Ahmed Karzai en una guerra de liberación contra unas nutridas fuerzas internacionales crecientemente percibidas como ocupantes.
Afganistán no es todavía una guerra perdida, pero sí fallida, en la medida en que la comunidad internacional es renuente a aumentar los medios militares y financieros necesarios para enderezar el conflicto. La intervención exterior no pretendía tanto instaurar un Estado fuerte o un sistema democrático como estabilizar el país centroasiático, expulsando a talibanes y Al Qaeda. Pero ni la OTAN ni Karzai saben cómo afrontar la renovada insurgencia talibán y yihadista. En la última semana, los talibanes han reconquistado nuevos distritos en una provincia central, mientras sigue la ficción de que estadounidenses y británicos hacen la guerra y la OTAN se dedica a la reconstrucción. La inestabilidad en el vecino Pakistán, acrecentada con el autogolpe del presidente Musharraf, el gran aliado de Bush en la región, agrava la situación.
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- 07-11-2007Página 1 de 1
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Juan
- 07-11-2007 - 20:00:16h
Efectivamente se está irakizando Afganistán, donde una intervención internacional, no sólo de paises que forman parte de la OTAN, con el respaldo de la legalidad que supone el apoyo de la ONU, intenta sacar al país de una férrea dictadura religiosa de un gobierno que apoyó sin escrúpulos al terrorismo más irracional. Pero como siempre, parece que lo que se pretende está más relacionado con la imagen que con la realidad. Para cambiar lo que está pasando en Afganistán hace falta DINERO para mejorar la vida de sus habitantes. Si les destruimos sus campos de opio y les construimos escuelas y hospitales, se moriran de hambre, no de una diarrea u otra enfermedad y eso si, más sabios. Ellos no son los culpables de que occidente consuma opio, sólo intentan sobrevivir. Mejoremos su economía y su seguridad (esto úlimo si lo hacían bien los talibanes) y todo cambiará, pero parece que el interés do "Occidente" es otro...
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Manolo
- 07-11-2007 - 18:42:44h
Para el desarrollo de la guerra, Estados Unidos obtuvo el apoyo de la ONU y la comunidad internacional. El día de la invasión, fuerzas especiales de Estados Unidos y del Reino Unido (su aliado más incondicional) se infiltraron en el territorio con el objetivo de contactar a la denominada Alianza del Norte para incorporarlos a la operación contra el gobierno Talibán.
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daniel victim
- 07-11-2007 - 10:30:33h
se ocupa un pais, se mata su poblacion con permiso de la onu y ahora son los talibanes los matan a la oposicion de karzai??? no no lo creo, es al reves seguro
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Juan Cruz
- 07-11-2007 - 09:22:57h
La invasión de Afganistán no fue obra de "Estados Unidos y sus aliados". Fue obra de una fuerza multinacional apoyada incondicionalmente por la ONU. No queramos derivar responsabilidades, la ONU es quien sanciona y da legalidad a la ocupación de Afganistán por, entre otros, soldados españoles.
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