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TRIBUNA: JUAN JOSÉ SOLOZABAL

Financiación y cultura federal

JUAN JOSÉ SOLOZABAL 19/08/2008

 
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No caracteriza a los Estados compuestos, se trate del sistema federal o hablemos de nuestro Estado de las autonomías, la ausencia de problemas, incluso podríamos decir que los mismos les son consustanciales. Son sin duda formas políticas difíciles, alejadas del simplismo del Estado unitario, en el que las unidades administrativas que lo integran se limitan a llevar a efecto decisiones tomadas desde el centro.

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Hay que pedir al Gobierno de Montilla que repase sus convicciones federales

Se echa de menos una lectura constitucional clara del Estatuto catalán

En el Estado federal se impone en cambio la necesidad de acuerdos y su adopción es consecuencia de fatigosas negociaciones entre el Estado común y los elementos territoriales, exigiéndose una disposición en todas las partes, para la cesión y la transigencia, esto es, flexibilidad y diálogo. A esta sensibilidad política superior, más sofisticada, solemos llamarla cultura federal y en resumidas cuentas coincide con la aspiración a que ni las instituciones territoriales ni el Estado común olviden en su actividad los intereses respectivos y su integración en la misma unidad política.

En este contexto extraña un poco la sobreactuación o los tintes en que se escenifica la disputa sobre la financiación catalana. Tal vez no se corresponde con la cultura federal a que aludíamos la presentación dramática, casi existencial, llamando a rebato a todas las fuerzas políticas de la Comunidad, de dicha cuestión de las finanzas, importante, pero respecto de la que cabe, supongo, la discrepancia. En el sistema federal no hay lugar para la presentación de los conflictos de modo "agónico", como si fueran expresión de choques identitarios o nacionalistas, pues lo normal es, como decíamos, la diferencia, no la coincidencia o el acuerdo de partida.

De manera que hay que pedir al Gobierno catalán de José Montilla que repase sus convicciones federales y que no descomponga el gesto. Habrá que negociar, presentar las propias razones, que sin duda son muchas, integrarlas con las que aleguen los demás, tal vez no tan sólidas ni fundadas, pero que cierto peso tendrán. Todas las razones, también las nuestras, suelen ser algo débiles, a las que, como decía Camus, "les falta algo". Lo importante es no perderlas, por ejemplo, a través de una defensa desaforada o exagerada.

Pero la escenificación algo desafortunada de esta crisis tiene que ver, también, con otros dos problemas, que trascienden el olvido federal de los socialistas catalanes. El primero se refiere a la inserción de mecanismos confederales en nuestro Estado autonómico, sobre todo a partir de las nuevas reformas estatutarias. Conviene decir que tales expedientes, comenzando por el más obvio de los mismos, que es el bilateralismo en las relaciones entre las Comunidades Autónomas y el Estado, tienen sentido especialmente en el campo político, pero deben ser integrados en lo posible, como constitutivos de una fase previa, en la actuación de mecanismos multilaterales, hablemos de las Conferencias sectoriales o el Senado, que son los instrumentos básicos de articulación del Estado autonómico.

Es muy importante conservar las estructuras institucionales que dan operatividad al sistema autonómico, conteniendo en su justa dimensión sus elementos centrífugos.

El Estado autonómico no puede convertirse, sin arriesgarse a la atrofia, en un sistema incapaz, si no es a través de largos vericuetos y la repetición de negociaciones sin cuento con cada uno de sus integrantes, de adoptar las decisiones que toda unidad política requiere.

En último lugar, pero en una dimensión más profunda, lo que la actual crisis pone de manifiesto es la deplorable ausencia, a estas alturas, de una sentencia sobre el Estatuto catalán.

Los sistemas compuestos requieren precisamente para resolver la conflictividad en que se mueven de reglas fijas establecidas de antemano que determinen el espacio competencial al que tanto el centro como los Estados o Comunidades Autónomas han de atenerse.

Ese canon constitucional no existe en toda su plenitud hasta que el Tribunal Constitucional no resuelva sobre el Estatuto recurrido. Sería bueno que esta posición la asumiesen todos y que se actuase con la debida prudencia entretanto.

Ocurre por ejemplo que no sabemos qué sentido constitucional puede tener una cláusula estatutaria que impone una fecha para la consecución de un acuerdo sobre el sistema de financiación, aunque en materia de plazos el reproche habría de extenderse a algún otro supuesto, que no es el catalán, por ejemplo, en relación con la caducidad de trasvases.

Convendría saber que la Constitución, por contra, no exige siempre la eficacia inmediata de sus disposiciones, que condiciona a la actuación del legislador, que incluso puede no producirse.

Además, estamos hablando de un precepto estatutario, la Disposición final primera a que nos referimos, que no se limita a exigir del Estado una actitud de respeto en relación con su contenido, lo cual sin duda es plenamente constitucional, sino, más discutiblemente en una norma como es el Estatuto, cuyo sentido es la organización del autogobierno propio, la obligación de determinada conducta, consistente en alcanzar un acuerdo sobre los criterios de financiación en la Comisión mixta Estado-Generalitat correspondiente.

En cualquier caso el nuevo Estatuto catalán, al menos, requiere una lectura que lo incorpore con toda claridad en el orden constitucional, orden que como recordó oportunamente Pedro Solbes, está integrado también por los Estatutos de autonomía, pero presidido por la Constitución.

Esta lectura constitucional del Estatuto, explícita y clara, es la que esperamos del Tribunal en su correspondiente sentencia y que, en este momento del conflicto de la financiación catalana, echamos de menos.

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional UAM.

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Comentarios - 5

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  • 5

    Lola - 19-08-2008 - 19:26:55h

    En fin dejémoslo. Seguimos echando pelotas fuera. Pero si quieren votos en el futuro, tendrán que hacer el esfuerzo de explicar el futuro que nos están preparando. Nada más eso.

  • 4

    Joaquín Gómez Moya - 19-08-2008 - 18:56:51h

    Es cierto que se está poco menos que anunciando un cataclismo por parte de los de ERC e ICV, y algunos del PSC. Es como lo del PP antes, pero vuelto del revés. Supongo que es un lenguaje que nuestros políticos usan a falta de mejor capacidad para dar con soluciones o simplemente porque les parece lo más rentable para ellos. Pero fíjense, fijense que ninguno quiere una financiación que le obligue a retratarse ante los ciudadanos, nadie quiere auténtica soberanía fiscal en el ámbito de sus responsabilidades. O reclaman más participación en ingresos, o se largan a soluciones medievalescas tipo concierto. El federalismo real espanta a nuestros oligarcas. Penoso.

  • 3

    jaime - 19-08-2008 - 18:52:28h

    El estatuto catalan produce una posiciones dialecticas encontradas al igual que las balanzas fiscales.Hay que desactivar dichas posiones ya que la solucion siempre es el consenso y lo mejor es dejar trabajar a quienes nos representan ya que esplicar todo a cada uno de los Españoles y entenderlo supone un esfuerzo imposible. La representacion de las posiones encontradas es debido a la diferente situacion que se encuentran las comunidades autonomas en las que unas se encuentran bien, otras en situacion inmejorable (vascos) y otras en situacion de falta imperiosa de financiacion y el dejar pasar el tiempo todavia agraba la situacion. Es el motivo de la escenificacion del desacuerdo con el fin de demostrar una situacion que se cree injusta y que se desea que sea compartida o mejor comprendida por el maximo de personas. Las soluciones sin duda pasaran por : Recaudacion de impuestos conjunta (Comunidad -estado) Inspeccion tributaria conjunta Distribucion del gasto estatal conjunto(Parlamento) Distribucion del gasto cedido a las comunidades(Comunidades) Aceptacion de gran parte de criterios de habitantes en el gasto cedido. Aceptacion de criterios de maximos y minimos en las ayudas territoriales

  • 2

    Lola - 19-08-2008 - 15:23:01h

    La prueba de que nadie entiende nada es que nadie ha escrito nada

  • 1

    Lola - 19-08-2008 - 13:47:35h

    Da la sensación de que algunos políticos se aburren en su trabajo y para divertirse pergeñan discusiones que sólo ellos entienden -eso creo- y que consisten, en síntesis, en una idea fundamentl: avanzar y "modernizar" más que otro país este país nuestro, pero no se dan cuenta de que la gran mayoría de ciudadanos vivimos y nos relacionamos como tradicionalmente han vivido y se han relacionado todas las tribus humanas con sus características diferenciales: unas veces bien y otras peor. De todos modos como somos ingenuos, nos fiamos de lo que nos van transmitiendo dichos políticos -porque pensamos que es mejor hacer algo que no hacer casi nada, y dejarnos llevar por la inercia de la historia-y pensamos que a lo mekor tienen razón y que en el futuro nos relacionaremos muchísimo mejor. Y por ese ¡voto de confianza! ¿nos pueden explicar por una vez en la vida todas esas abstracciones, que manejan como si fueran asuntos banales y hacernos una o varias fotografías de la sociedad que plantean? ¿Cómo van a distribuir los recursos? Porque en educación no se ve el gasto -y no dudo de que se invierta- pero insisto, se ve poco, por lo menos en infraestructuras. Hablen ustedes claro, por favor, sin ocultar sus intenciones acerca de la sociedad ideal que persiguen. ¿O es que se trata sólo de que ustedes tengan más poder?. En ese caso no traten a los ciudadanos como excusa y hagan lo que puedan para conseguirlo. Y cada uno a lo suyo.

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