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Flujos inversos

Lorena Quiñones - Buenos Aires, Argentina - 25/04/2007

 
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Hace unos meses, tomé la decisión de aceptar una beca para trabajar en una multinacional española en Buenos Aires. Muchas personas intentaron convencerme de que era un error y que Latinoamérica no era el lugar para iniciar una carrera profesional.

Cuando llegué, la pregunta que más veces tuve que responder fue por qué había decidido ir a Argentina, cuando todos los jóvenes intentaban ir a Europa a trabajar. No tenía respuesta y contestaba con un: no lo sé; aventura, supongo.

Mi sorpresa fue el descubrir un submundo que se está instalando en esta hermosa ciudad. Con el paso de los meses, he ido conociendo muchísimos jóvenes de países desarrollados que, como yo, han decidido instalarse indefinidamente en Argentina. Alemanes, ingleses, franceses, estadounidenses, españoles... la mayor parte de ellos profesionales cualificados, con estudios universitarios y políglotas, que un día llegaron, les gustó y se quedaron.

Me he planteado muchas veces por qué personas que venimos de lugares donde tenemos todas las comodidades, todos los servicios públicos y la última tecnología a precios razonables, decidimos venir a un país, que aunque es sorprendente, a veces no puede ofrecernos las mismas comodidades. Y es entonces cuando me doy cuenta del efecto perverso que tiene el sistema económico mundial. La depreciación del peso implica que con un sueldo normal, incluso bajo para el estándar europeo, con el que viviríamos ajustados en nuestras ciudades, puedas vivir con todo lujo de comodidades en Buenos Aires. Aquí no tenemos que compartir departamento con cuatro amigos. Podemos salir todos los fines de semana. Podemos tener Internet en casa y viajar de vez en cuando. Pero éste no es el único motivo que nos invita a quedarnos. En Buenos Aires hemos encontrado algo que empieza a perderse en el primer mundo, el afecto social. Los argentinos son acogedores. En pocos días, estableces una red de contactos que tardarías años en tener en Europa. Te sientes como en casa. En ningún momento tienes la sensación de ser un extranjero. Te invitan a asados, a tomar mate, a ir al teatro, a visitar algún museo... Es una sociedad con valores distintos, donde lo común predomina sobre el individualismo.

Muchos argentinos buscan en Europa encontrar un bienestar material que su país no siempre les puede proporcionar. Muchos europeos, buscan en Argentina un bienestar emocional que sus países no pueden darles. Son flujos inversos. Cada uno buscando su camino.


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