27/03/2008
Pakistán ha dado un gran paso adelante con la elección esta semana por el Parlamento de Yusuf Raza Gillani como primer ministro. El nuevo jefe del Gobierno, que ha obtenido 264 votos sobre 342 de la Cámara baja, es un vicepresidente del Partido Popular, PPP, ganador de las elecciones de febrero, que dirigía la asesinada Benazir Bhutto, y hará un Gabinete de coalición con la segunda fuerza más votada, la Liga Musulmana del también ex primer ministro Nawaz Sharif, y alguna formación menor. Los dos partidos más importantes de Pakistán, tradicionalmente enemigos, van a gobernar juntos. Uno de los mayores peligros que acechan a la alianza, cuya leal colaboración a largo plazo parece más que problemática vistos los antecedentes, es el hecho de que su mayor nexo de unión sea precisamente la enemiga común hacia el presidente y general Pervez Musharraf, cuyo viaje hacia la irrelevancia parece inexorable.
La emergencia de un poder civil tras nueve años de dictadura pone contra las cuerdas al impopular y aislado Musharraf, aliado crucial de Washington en la región, pero dista mucho de cerrar la gravísima crisis del inestable país musulmán en posesión del arma atómica, azotado por un mortífero terrorismo islamista. Lo mejor que puede esperar de esta forzosa cohabitación el ex jefe del ejército, reelegido amañadamente presidente hace unos meses y vapuleado en las urnas en febrero, es su marginación política. Musharraf retiene importantes poderes nominales, pero su autoridad se desvanece. Lo reflejan el calculado distanciamiento del escenario político de las Fuerzas Armadas, la palanca decisoria en Pakistán, o el cortejo iniciado ya por Washington del primer ministro Gillani.
La relativa convergencia entre Estados Unidos y Musharraf en la lucha contra el fundamentalismo islamista ha sido el cemento de la alianza entre la Casa Blanca y el presidente paquistaní. Pero la situación está llamada a cambiar. Gillani ha asegurado a Bush que su Gobierno le apoyará en su cruzada contra el terrorismo, pero considera necesaria una aproximación global que incluya soluciones políticas. A Washington le ha faltado tiempo para mandar a Islamabad al subsecretario de Estado Negroponte con el encargo de garantizarse la continuidad del compromiso militar paquistaní.
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- 27-03-2008Página 1 de 1
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Lluïsa
- 27-03-2008 - 21:01:37h
Pakistán es país islámico, pero no tiene nada que ver con los árabes. Tiene mucho, mucho fundamentalismo por todos lados, especialmente en el norte en la provincia colindante con Afganistán, y tiene un ejército golpista, con muchos radicales religiosos y con bombas atómicas.
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Fawdawi
( http://www.proz.com/profile/122987 )
- 27-03-2008 - 16:32:00h
Esta etapa es muy importante para Pakistán porque demuestra que en el mundo árabe las elecciones limpias son posibles. Pakistán no necesita sumarse a la guerra "contra el terrorismo" de Estados Unidos porque es Washington quien promueve el terrorismo. Tampoco necesita el militarismo de Musharraf que tanto dolor le ha dado a Pakistán.
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Segismundo
- 27-03-2008 - 12:26:04h
Yusuf Raza Gillani de primer ministro hace bien en cumplir sus promesas como la de excarcelar a los abogados y jueces. También en mostrar cambio para enfrentarse al terrorismo islamista con negociación con las tribus, enfrentándose, eso sí, con los Al Qaeda y similares represivamente. Pero al final del día, Pakistán como país es insostenible sin la ayuda de EE UU, por lo que se entenderá nuevamente con la Casa Blanca y el Departamento de Estado así Pervez Musharraf sea sólo un espectador.
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francisco alarcon pacheco
- 27-03-2008 - 11:48:31h
Al Partido Popular Pakistaní se podían ir todos los jerifaltes del Partido Popular Español con toda su parafernalia, menturas, bufonadas, guerra de Irak, etc.
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