Lunes, 23/11/2009

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ANÁLISIS: EL ACENTO

Papi, en la encrucijada

20/05/2009

 
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Se llama Verónica. Lo que no ha podido un centro-izquierda dividido y llorón, lo está pudiendo Verónica Lario, la mujer de Berlusconi durante los últimos 30 años. Ella, más que nadie, ha logrado poner contra las cuerdas el poder cada vez más absoluto de Il Cavaliere. Su carta a la agencia Ansa acusando a su marido de ser un emperador, de frecuentar a menores, de no estar bien de la azotea y de promover un sistema político y social que se basa en la belleza femenina y olvida lo ético es un rejón difícil de asumir. Incluso por Berlusconi, probablemente el único primer ministro del mundo capaz de recibir semejante rapapolvo y mantenerse arriba en las encuestas. Genio de la manipulación populista y mediática y plusmarquista mundial de procesos y absoluciones, se siente impune. Y con razón. Es el secreto de su éxito, el centro de gravedad de la sociedad del espectáculo. Como muchos otros: Bush, Cheney o Trillo. Berlusconi lo era hasta que salió Lario.

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Su puñetazo al mentón ha revelado al mundo el peor tufo dictatorial de Il Cavaliere. Sigue siendo el editor del mayor grupo mediático del país y a la vez es jefe de Gobierno, de modo que su control de la información televisiva es casi total. La autocensura y la censura, los chistes cínicos y machistas, y los movimientos más o menos subterráneos para intentar adocenar a la información escrita conforman una estrategia descarada de acometida a la libertad de prensa que los periodistas italianos sufren de forma cada vez más intensa. Lario, rebelándose contra la diabólica retórica entre lo público y lo privado, lo falso y lo verdadero, que marca el sello Berlusconi, se ha convertido en un modelo. Claro y al grano.

La Repubblica ha resumido en 10 preguntas las numerosas dudas que engendran las aventuras políticas, prostáticas y narcisistas de Berlusconi. Le ha mandado el cuestionario, y ha sucedido lo único posible. Ira y silencio. Clinton también tardó lo suyo en contar la verdad sobre Lewinsky. En Italia no hay impeachment. Pero sería muy saludable para

la democracia italiana que Mr. Impune tomara lápiz y papel, y contara al mundo por qué le llaman Papi.

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