Rick Perry olvida el guion
Rick Perry, gobernador de Tejas, enmudeció la noche del miércoles durante un debate emitido por la cadena financiera CNBC y en la que polemizaba, en Michigan, con los otros candidatos de las primarias republicanas. Con la desenvoltura propia de los políticos estadounidenses, iba soltando su perorata cuando anunció que se proponía eliminar tres agencias gubernamentales. Pero no consiguió dar los nombres de las tres. Quizá podría haberse ido de rositas, teniendo en cuenta que sus rivales le festejaban su olvido entre risas, pero fue entonces cuando intervino el periodista que moderaba el debate. Simplemente le exigió que dijera a qué agencias se refería. "Educación, comercio...", contestó Perry, súbitamente serio, con un hielo tremendo cortando ya la atmósfera jovial que reinaba hasta entonces. El periodista insistió. Y el político bajó los brazos y se rindió. "No puedo. Lo siento. Glups [o algo semejante]". Los analistas han dado por muertas sus aspiraciones a ser el candidato republicano en las próximas elecciones.
Hace unos meses, Perry irrumpió en la precampaña republicana como un torbellino, y enseguida las encuestas se volcaron a su favor. Llegó con la bandera de sus logros económicos en Tejas y con un discurso agresivo dirigido directamente al inquilino de la Casa Blanca. Yo soy capaz de crear empleo, le decía al presidente Obama, mientras usted se dedica a destruirlo. Amén de lucir sus excelentes cifras -la economía de Tejas crece al 3%, más del doble que la media nacional-, Perry exhibió también sus ideas ultraconservadoras. Un solo ejemplo: como cree en el poder transformador de la oración, en abril decretó tres días de rezo para que el cielo se abriera y cayera por fin la lluvia sobre Tejas, que padece una severa sequía.
El ritmo arrollador de Perry había bajado ya, pero todavía andaba en la pelea. Hasta que intervino ese periodista para cumplir con su obligación, la de preguntar. Si el debate se hubiera realizado en España, Perry conservaría sus aspiraciones. Aquí, estar envarado es lo normal y no se exige a los políticos soltura a la hora de defender sus propias ideas, así que podría haber leído su intervención y no defenderla a pelo. Y, además, ningún periodista le hubiera preguntado nada.
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