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TRIBUNA: DEBATE REZA ASLAN

Washington y Teherán, intereses comunes

REZA ASLAN 24/12/2006

 
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Los miembros del Grupo de Estudio sobre Irak (GEI) han causado bastante revuelo en Washington al insinuar que el triunfo en Irak quizá sea imposible de conseguir sin la ayuda de los vecinos de ese país, en especial Siria e Irán. Los detractores del GEI afirman que quizá sería posible convencer a Siria de que se uniera a la campaña norteamericana para estabilizar Irak, pero, ¿por qué iba a ayudar Irán a Estados Unidos? Al fin y al cabo, como señalaba el senador por Connecticut Joe Lieberman cuando se publicó el informe, "Irán tiene unos intereses en Irak directamente opuestos a los nuestros".

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Es hora de dejar de fingir que EE UU no negocia con dictadores, rebeldes o terroristas

Bueno, no exactamente. Es cierto que los intereses regionales de Estados Unidos e Irán están profundamente enfrentados, sobre todo en relación con cuestiones tan espinosas como el complicado Líbano y el incesante ciclo de violencia entre Israel y los palestinos. Y no cabe duda de que Irán ha tenido un papel significativo a la hora de alimentar la violencia y la inestabilidad en Irak canalizando dinero y armas a milicias chiíes como el macabro Ejército Mahdi. No obstante, Washington y Teherán están muy de acuerdo en, al menos, tres aspectos clave.

El primero es que ninguno de los dos países quiere que Irak se convierta en un refugio seguro para Al Qaeda y otros yihadistas de todo el mundo. Quizá más que cualquier otro país de la región, Irán reconoce la amenaza existencial que supone para él la violenta ideología antichií y antipersa del yihadismo. De hecho, los iraníes ya luchaban contra el yihadismo, y concretamente contra las fuerzas de Al Qaeda, mucho antes de que el grueso de los estadounidenses hubiese oído hablar de Osama Bin Laden.

El segundo es que ambos países quieren impedir como sea que Irak se divida en Estados suníes, chiíes y kurdos independientes. En Washington se habla mucho de que la partición beneficiaría de hecho a los iraníes, porque les daría una posición todavía más sólida entre la mayoría chií de Irak. Puede que sea cierto, pero la partición también llevaría a un Kurdistán independiente, que es algo que Irán, que lucha contra su rebelde y desposeída población kurda, no podría soportar.

Por último, Estados Unidos e Irán están perfectamente unidos en su deseo de una retirada rápida pero responsable de las fuerzas estadounidenses de Irak (y este hecho por sí solo debería ser incentivo suficiente para la cooperación de Irán con el informe del GEI), lo cual es un tanto irónico.

Irán no puede tolerar la presencia a largo plazo de soldados estadounidenses en su frontera. Y, aunque se ha esforzado duramente en frustrar los planes de Estados Unidos para Irak, lo cierto es que si Irán realmente quisiera desestabilizar Irak, podría desencadenar una oleada de terror en ese país como no ha visto Estados Unidos hasta la fecha. Que no lo haya hecho es una clara indicación de que Irán reconoce que tiene mucho que perder con un Irak dividido fragmentado y caótico. Al fin y al cabo, Estados Unidos puede limitarse a hacer las maletas e irse a casa (y todavía es posible que lo haga). Los vecinos de Irak se verán obligados a resistir lo más recio de la crisis humanitaria resultante durante los próximos años, o tal vez décadas.

Ya han huido alrededor de 1,6 millones de iraquíes de su azotado país. Aunque la mayoría ha dado el salto a Siria y Jordania, hasta ahora sólo unos 50.000 refugiados se han marchado a Irán. Pero, a diferencia de los iraquíes que inundan Siria y Jordania, los refugiados de Irán no son suníes de clase media; son los indigentes chiíes. La economía de Irán, que funciona a duras penas, no puede esperar absorber a los cientos de miles de refugiados que inevitablemente cruzarían sus fronteras en caso de una guerra civil a gran escala en Irak.

Hay quienes piensan que las concesiones que exigirían los líderes iraníes para prestar su ayuda en Irak serían sencillamente insostenibles. Como mínimo, Irán exigirá una mayor flexibilidad por parte de Estados Unidos con respecto a sus ambiciones nucleares. Pero teniendo en cuenta lo poco que Estados Unidos puede hacer ahora por impedir que Irán desarrolle su programa nuclear civil, dicha concesión no es tan problemática como parece. Siguen quedando muchas opciones -entre ellas, garantías de seguridad e incentivos económicos- para asegurarse de que el juego nuclear iraní no se convierte en un programa armamentístico con todas las de la ley. Por supuesto, inclinarse por estas opciones exigirá diplomacia y diálogo.

Y aun así, el presidente Bush ha reiterado que sólo hablará con Irán cuando éste cambie su conducta. Es una actitud hipócrita y desdeñosa (por no decir infantil). El diálogo con Estados Unidos no es una recompensa por el buen comportamiento. El diálogo, como recientemente recordaba al Senado James Baker, el venerable copresidente del Grupo de Estudio sobre Irak, es un medio por el que puede modificarse la conducta.

En cualquier caso, es hora de dejar de fingir que Estados Unidos no negocia con dictadores o regímenes rebeldes o, ya puestos, terroristas. Para empezar, es precisamente este tipo de postura ideológica lo que sumió de manera innecesaria (y sin preparación) a Estados Unidos en Irak.

. Distribuido por Tribune Media Services.

Reza Aslan es investigador iraní residente en Estados Unidos, autor de No god but God, una historia de los orígenes, la evolución y el futuro del islam. Traducción de News Clips. © Global Viewpoint, 2006

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