MIJAÍL GORBACHOV 05/11/2009
Veinte años han pasado desde la caída del Muro de Berlín, uno de los símbolos vergonzosos de la guerra fría y de la peligrosa división del mundo en bloques y en esferas de influencia enfrentadas. El periodo actual nos permite observar aquellos acontecimientos y formarnos una opinión menos emocional y más racional.
Los políticos del siglo XX evitamos la guerra nuclear. Pero el mundo no es un lugar más seguro
La primera observación optimista es que el anunciado fin de la Historia no se ha producido en absoluto. Pero tampoco ha llegado lo que los políticos de mi generación confiaban sinceramente que ocurriría: un mundo en el cual, con el fin de la guerra fría, la humanidad podría finalmente olvidar la aberración de la carrera armamentista, de los conflictos regionales y de las estériles disputas ideológicas y entrar en una suerte de siglo dorado de seguridad colectiva, uso racional de los recursos, fin de la pobreza y la desigualdad y restauración de la armonía con la naturaleza.
Otra consecuencia es la interdependencia de importantes aspectos que tienen que ver con el sentido de la existencia de la humanidad. Esta interdependencia no se da sólo entre los procesos y hechos que ocurren en los diferentes continentes, sino también en el vínculo entre los cambios en las condiciones económicas, tecnológicas, sociales, demográficas y culturales de miles de millones de personas. La humanidad ha comenzado a transformarse en una civilización única.
Al mismo tiempo, la desaparición del llamado telón de acero y de las fronteras ha yuxtapuesto no solamente a aquellos países que hasta hace poco representaban diferentes sistemas políticos, sino también a civilizaciones, culturas y tradiciones.
Los políticos del siglo pasado podemos estar orgullosos de haber evitado el peligro de una guerra termonuclear. Sin embargo, para millones de personas el mundo no se ha convertido en un lugar más seguro que antes. Innumerables conflictos locales y guerras étnicas y religiosas han aparecido en el nuevo mapa de la política mundial. Una prueba evidente del comportamiento irracional de la nueva generación de políticos es el hecho de que los presupuestos de defensa de muchos países, grandes o pequeños, son ahora mayores que durante la guerra fría, así como que los métodos represivos son una vez más el medio general para resolver conflictos y un aspecto común y corriente de las actuales relaciones internacionales.
Desafortunadamente, a lo largo de las dos últimas décadas el mundo no se ha vuelto un lugar más justo: las disparidades entre la pobreza y la riqueza incluso se incrementaron, no sólo en los países en desarrollo, sino también dentro de las propias naciones desarrolladas. Los problemas sociales de Rusia, como en otros países poscomunistas, son una prueba de que el simple abandono de un modelo defectuoso de economía centralizada y de planificación burocrática no es suficiente para garantizar tanto la competitividad del país en una economía globalizada, como el respeto por los principios de la justicia social.
Deben añadirse nuevos desafíos. Uno es el terrorismo, convertido en la "bomba atómica de los pobres", no sólo en sentido figurado sino en sentido literal. La incontrolada proliferación de las armas de destrucción masiva, la competencia entre los antiguos adversarios de la guerra fría para alcanzar nuevos niveles tecnológicos en la producción de armas, y la emergencia de nuevos pretendientes a desempeñar un papel protagonista en un mundo multipolar, incrementan la sensación de caos que está afligiendo a la política global.
El verdadero logro que podemos celebrar es el hecho de que el siglo XX marcó el fin de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas. Pero pronto resultó evidente que también el capitalismo occidental, privado de su viejo adversario histórico e imaginándose a sí mismo como el indiscutible ganador histórico y la encarnación del progreso global, puede conducir a la sociedad occidental y al resto del mundo a un nuevo y ominoso callejón sin salida.
En este marco, la irrupción de la actual crisis económica ha revelado los defectos orgánicos del presente modelo occidental de desarrollo impuesto al resto del mundo como el único posible. Asimismo, demuestra que no solamente el socialismo burocrático sino también el capitalismo ultraliberal tiene la necesidad de una profunda reforma democrática y de la adquisición de un rostro humano, una suerte de perestroika propia.
Hoy en día, mientras dejamos a las espaldas las ruinas del viejo orden, podemos pensar en nosotros mismos como activos participantes en el proceso de creación de un mundo nuevo. Muchas verdades y postulados considerados indiscutibles (tanto en el Este como en el Oeste) han dejado de serlo. Entre ellos estaban la fe ciega en el todopoderoso mercado y, sobre todo, en su naturaleza democrática. Había una arraigada creencia de que el modelo occidental de democracia puede ser difundido mecánicamente a otras sociedades cuyas experiencias históricas y tradiciones culturales son diferentes. En la situación presente, incluso un concepto como el del progreso social, que parece ser compartido por todos, necesita una información más precisa y una redefinición.
Mijaíl Gorbachov, líder de la Unión Soviética en el periodo 1985/1991, es Premio Nobel de la Paz 1990 y presidente del World Political Forum (WPF). © IPS (Inter Press Service).
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- 05-11-2009Página 1 de 8
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oscar carballo
- 06-11-2009 - 04:19:00h
El capitalismo que presume de haber vencido al comunismo (falacia, pues el comunismo simplemente dejó de de funcionar y ser atrayente para el país que lo proclamaba como única vía, la URSS) nunca terminará, tendrá sus bajas y caídas, pero los dueños del capital a gran escala utilizarán siempre el sistema político-militar para continuar con sus negocios, los cuales sólo pueden prosperar bajo un orden establecido. Lo mejor para el capital es que la explotación de la mano de obra y recursos naturales continúe indefinidamente. Eso es el libre mercado.
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David
( http://eternoretornootokslobode.blogspot )
- 06-11-2009 - 02:10:57h
Ciro, no eres más que un cordero más del rebaño. A más temor frente a la supuesta amenaza terrorista más necesitaremos la seguridad y, por lo tanto, nos someterán a un control más férreo (yo mismo vivo en Inglaterra y todo el país está plagado de cámaras de seguridad, no hay esquina que escape al gran hermano, salvo en los barrios donde a nadie le importa que deje de pasar lo que pasa, ya se sabe, fuentes de inestabilidad, inseguridad). Los Estados Unidos, al igual que todo sistema político o ideología necesita un enemigo al que oponerse, ante el que identificarse y, por supuesto, legitimarse ante los ojos de la gente. Caído el comunismo ha llegado el cajón de sastre del terrorismo mundial que, a efectos prácticos, no puede suponer una amenaza real para la existencia de los sistemas políticos de hoy. Siempre han existido estos cajones de sastre, recuérdese aquella vieja organización anarquista que supuestamente operaba en amplias zonas del sur de Europa allá por finales del siglo XIX y principios del XX, La Mano Negra... siempre el mismo cuento señores, el círculo se cierra una y otra vez.
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runrunchile
- 06-11-2009 - 01:59:18h
LaURSS cayó solita, sin dispararse un tiro.Qué cosa mas bella para todos los pacifistas del mundo¡¡.Y el podero y temible y terrible PC con su KGB se fue quedando mudo ysus opositores tomaron los altos manos hasta que Yeltsincomo símboloarriba del tanque llegó a la Presidencia.¿Cómose llegó a eso?.La historia aun no esta de acuerdo dada la inmensidad del pais,sus diversidades,sus fanatismos,sus odios,sus sangres horrendas.Pero todo,todo calló y Rusia,ya desmembrada ycon muchos hijos se enfrenta al mundo como una potencia emergente ydecidida a dar su palabra en las mas importantes cuestiones del mundo.Su mundo es Oriente,y el BRIC,la nueva nomenclatura del s.2l frente a la decaadente actual 1a.potencia USA.Esto en este S .2l.runrunchile
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David
( http://eternoretornootokslobode.blogspot )
- 06-11-2009 - 01:47:06h
Amigos, una nueva forma de totalitarismo está llegando a marchas forzadas. Al Qaeda y todos esos cuentos chinos para niños son un insulto a la autonomía intelectual del ciudadano y a la democracia pero, por desgracia, siempre hay tipos como tu dispuestos a creerlo todo a pies juntillas. El terrorismo no es una amenaza para la estabilidad del mundo, sí lo es una guerra con frentes definidos o no como las que se están llevando a cabo en Irak y Afganistán, guerras que nunca se ganarán porque es mejor que se eternicen. Lo que muchos no han entendido es que detrás del terrorismo están los intereses de las grandes empresas armamentísticas de los Estados Unidos. ¿Es que acaso nadie recuerda la famosa frase de la secretaria de Estado Albreight durante la intervención militar en Kosovo: "¿De qué nos sirve el mejor ejército del mundo si no podemos utilizarlo?"? Dicho y hecho, una nueva excusa para recortar nuestras libertades.
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furtivo
- 06-11-2009 - 01:36:05h
un lazo para gorbachovpues el mejor comunista debe estar ahorcado
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