La biblioteca de la Universidad sevillana
Con la reciente sentencia del Tribunal Supremo se esfuma de forma definitiva el proyecto de construcción de la Biblioteca Central de la Universidad de Sevilla en los terrenos del parque del Prado de San Sebastián. No se han cumplido las expectativas, tanto del rector como del exalcalde, en el sentido de que dicho Tribunal le enmendaría la plana al TSJA que ordenó previamente la paralización de las obras.
Lo que sí se ha puesto de manifiesto una vez más es que los sufridos ciudadanos contribuyentes deberemos hacer frente al dispendio de más de una decena de millones de euros, si como es previsible tanto la empresa constructora como la famosa arquitecta Zaha Hadid exigen las correspondientes indemnizaciones en concepto de daños y perjuicios.
El empecinamiento del señor Monteseirín en culminar el proceso no es algo nuevo. Se inscribe en el concepto patrimonial que suelen tener los políticos a la hora de administrar los fondos públicos. Los dilapidan como si fueran exclusivamente suyos porque saben que después salen indemnes, sin asumir ninguna responsabilidad. Si tuvieran que responder con su patrimonio particular del mal uso del dinero público, otros gallos cantarían. Pero, claro, estamos donde siempre. Son los propios políticos los que crean las leyes y obviamente se aplican la ley del embudo.
Digamos que este pufo es el epílogo glorioso de los tres mandatos de dicho exalcalde. Un digno colofón de otros episodios anteriores, tales como el affaire de los chabolistas de los Bermejales y los asuntos del solar del propio Prado de San Sebastián y del solar de las antiguas cocheras de Tussam.
Es curioso que este infausto exalcalde de Sevilla, que tanto pregonaba su afán por construir bibliotecas públicas en los barrios de la ciudad, no permitiese con su nefasta actuación que el barrio del Porvenir pudiese contar con una de ellas edificada en un solar de propiedad municipal.
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