Sábado, 17/5/2008

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EDITORIAL

Un canon contaminado

No cabe discutir el derecho del creador a la remuneración; el problema es cómo se ampara

20/12/2007

 
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El debate sobre el canon digital sufre tal contaminación que entorpece la búsqueda de una solución socialmente bienvenida. España, como la mayoría de países de la Europa comunitaria, salvo el área anglosajona, admite que quien acceda legalmente a una obra cultural obtenga una copia para su uso privado. Ello comporta que el autor deba ser resarcido por este consumo no retribuido de su trabajo.

La propiedad intelectual no está en discusión, pero en el planeta de la cultura los derechos que comporta están matizados y una prueba de ello es que se trata de una propiedad temporal que termina en el dominio público. Este particular estatuto de las obras culturales induce erróneamente a aceptar cualquier trajín gratuito de las mismas, opción que no se plantea cuando se compra un yogur en el supermercado. No se discute la remuneración del autor, pero no está resuelto cómo ampararla.

El pago de una compensación por la copia privada se ha separado formalmente de un resarcimiento al autor por la merma de ingresos que producen las descargas gratuitas de obras en Internet. Al margen de su consideración legal -piratería para unos; intercambio amistoso para otros- el canon no ha de estar calculado con este fin. Aunque es difícil cuantificar con precisión el lucro cesante que supone la copia privada, que la factura anual del canon suponga más de cien millones de euros de ingresos para las sociedades de gestión induce a pensar que se ha buscado, por esta vía, una compensación por el fenómeno de las descargas, que plantea problemas de otra índole. Defender al mismo tiempo un canon indiscriminado y que las descargas son piratería puede conducir a la legitimación involuntaria de esta última.

La antipatía ciudadana por el canon se sustenta en varias circunstancias. El canon cohabita en el mercado con obras protegidas por sistemas anticopia. Es un mecanismo recaudatorio que pagan todos los compradores, incluso quien no disfrutará de copias privadas, y se aplica además a algunas máquinas no dedicadas primordialmente a este fin. Ello, sin contar los eternos debates sobre cómo administran y distribuyen estos ingresos las sociedades de gestión. Por otra parte, los fabricantes contrarios al canon tendrían que reconocer que son precisamente los usos digitales gratuitos los que tiran del mercado de sus aparatos.

En la Europa continental, la mayoría de países aplica un canon, pero difieren las cantidades, los soportes, quién fija la cuantía y quién lo administra. En Finlandia es el Gobierno quien decide las tarifas, qué organización lo cobra y cómo se distribuye. En Noruega, lo paga el Estado. Sea cual sea el final de la enmienda que se debate hoy, España debe repensar global y serenamente la cuestión para no dejar en el desamparo a los creadores, a la industria cultural, y conseguir a la vez que quien paga, en función de su actividad, lo vea como un acto de justicia.

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Comentarios - 58

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  • 58

    S - 20-12-2007 - 21:05:15h

    me gustaria ver a los actores recaudando en persona el canon a hospitales, comercios, juzgados, institutos, universidades, domicilios particulares...

  • 57

    Antonio - 20-12-2007 - 20:57:49h

    Entonces no se deberia perseguir la pirateria, ya que puesto que ahora lo pagamos es un derecho. Por cierto, muy bien los autores por ir contra los consumidores y no los precios abusivos de las multinacionales distribuidoras y discograficas, muy de izquierdas.

  • 56

    Single - 20-12-2007 - 20:52:40h

    Para los barceloneses Clos, que defiende el canon, es el alcalde que aplicó una politica de especulación inmobiliaria y nefastos proyectos fallidos que vaciaron las arcas municipales. No entendemos porque siempre defiende el capital, se le sigue llamado socialista y se le nombró ministro. No nos sorprenden sus declaraciones. Gracias a Guillot, aparece una rendija para los abstencionistas.

  • 55

    ciudadano - 20-12-2007 - 20:34:42h

    Es injusto que los que abominamos tanto las ideas del PP como para necesitar imperiosamente votar en su contra, no nos quede otra alternativa que votar PSOE (¿a pesar del canon?). A lo mejor vamos a tener que quedarnos en casa el día de las elecciones. La ley electoral debería contemplar un voto negativo a una opcion politica sin que por ello haya que votar a otros con los que no se está de acuerdo. Cada partido político obtendría su número de votos una vez descontados los emitidos especificamente de forma negativa contra ellos por los ciudadanos.

  • 54

    Elias Lahuerta Rubio - 20-12-2007 - 20:24:58h

    Estamos discutiendo por el cobro de unos centimos en articulos que no son de primera necesidad y estamos pagando cantidades fabulosas en patentes farmaceuticas. Nadie propesta por ello, incluso paises del tercer mundo no pueden acceder a ellas por el elevado coste y la gente se muere.

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