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EDITORIAL

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01/03/2007

 
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La absoluta irresponsabilidad de dos dirigentes deportivos, José María del Nido y Manuel Ruiz de Lopera, fue la causa directa de los incidentes ocurridos anoche en Sevilla en el derby que enfrentaba a los dos equipos de la capital andaluza. El partido de Copa entre el Betis y su vecino sevillista fue suspendido después de que el entrenador del Sevilla, Juande Ramos, quedara inconsciente al ser golpeado por un objeto lanzado desde la grada. Un bochornoso colofón derivado del incendio que tan a la ligera provocaron durante los días previos al partido tanto el presidente del Sevilla como el propietario del Betis.

Los dirigentes de ambos equipos se enredaron en una estúpida y egocéntrica disputa, sin tener en cuenta las consecuencias. Los dos llevan tiempo en el fútbol y sabían perfectamente que este mundo es un polvorín en el que es muy fácil que prenda la mecha. Pero no les importó y se dedicaron a calentar peligrosamente el partido, en una actitud extremada pero no infrecuente antes de los enfrentamientos futbolísticos de mayor rivalidad. No tuvieron inconveniente en soportar sin un asomo de rubor la intervención del presidente de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves, obligado a aparcar otras cuestiones más relevantes para ejercer de mediador en tan ridículo y absurdo enconamiento. Al contrario, como en tantas otras ocasiones, Del Nido y Ruiz de Lopera se sintieron halagados por concitar tanta atención y recabar la intervención de las más altas autoridades; así pudieron simular que habían sellado la paz.

Ya era tarde y a pocos o a nadie le resultó creíble. Para atizar aún más el fuego, el Betis colocó un busto de Ruiz de Lopera en un asiento del palco, junto a Del Nido, que fue agredido e insultado al irrumpir en el trono en el que hace unas semanas se negó a recoger un obsequio sobre el centenario bético, origen al parecer de la bronca posterior entre unos directivos y otros. Antes del inicio del partido de anoche, varios seguidores sevillistas ya habían originado varios altercados en los aledaños del estadio. La locura fue de tal calibre que incluso hubo algunos desalmados que llegaron a apedrear la ambulancia en la que fue atendido Juande Ramos. El fútbol, que gracias a muchos dirigentes sensatos lleva tiempo intentando erradicar sus males, y con cierto éxito, no puede verse azotado de nuevo por la verborrea de dos dirigentes, por muy propietarios, caso de Lopera, que algunos se sientan. Los máximos organismos deportivos y federativos deberían obligarles a dejar el fútbol. Y no estaría de más que en caso contrario las autoridades gubernativas e incluso judiciales tomaran cartas en el asunto. Tras los incidentes de anoche su presencia en el fútbol español es claramente indeseable.

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