La educación cívica, vista desde fuera
Para un ciudadano europeo el debate en cuestión sobre la educación cívica es algo de lo más absurdo. Cabe mencionar que el Estado de derecho, la democracia y la adopción de los derechos humanos son una de las tres condiciones para la adhesión a la UE. Los derechos humanos, por los que tantos seres humanos han muerto luchando, no se transmiten por las buenas de generación en generación. El Estado democrático no sólo tiene el derecho sino ante todo el deber de hacerlo mediante una educación cívica.
En general, en Europa la educación cívica se imparte desde el siglo XIX. La transmisión de esta asignatura incluso fue una de las razones para establecer la escuela primaria. En democracias tardías como Alemania, esta asignatura fue introducida después de 1945 para evitar que los crímenes atroces de la Segunda Guerra Mundial se repitieran, y hasta hoy conserva su estatus privilegiado.
¿Por qué una educación cívica comparable no es posible en España? Por otro lado, ¿cómo es que España tiene una legislación sumamente progresiva en cuestión de derechos humanos (véase el caso Pinochet u otras acusaciones de Garzón)? ¿No será porque, entre otras, se quería evitar recaer en las faltas del pasado, es decir, del siglo XX? ¿Y quién ha de impartir esta enseñanza, sino la escuela? ¿Acaso la Iglesia católica, que sólo desde los años sesenta ha desistido de su lucha contra el liberalismo y la democracia?
Por tanto, la lucha contra la ley de la educación cívica es un síntoma de que:
1. El pasado reciente de España no ha sido ni debatido ni asumido.
2. Cierto partido hace oposición fundamental peligrosa (y esto ya desde hace muchos años) contra los intereses de una sociedad democrática.
3. Ciertos exponentes de la Iglesia católica en España no hacen más que defender sus intereses económicos e ideológicos y este debate no es más que una reacción a las leyes recientes (matrimonio homosexual, aborto) y la avanzada separación de Iglesia y Estado.
Visto desde fuera, este debate tan absurdo a comienzos del siglo XXI no es digno de una España dentro de una Europa civilizada.
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